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Edición Nº78
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Una herencia para mis hijos

Nuestros lagos vacíos

Por Juan Carlos Guevara

Debemos tomar conciencia de nuestras acciones, de lo que hacemos… y de lo que hacen y les enseñamos a nuestros hijos, en qué nos entretenemos mayores y niños de acuerdo al medio ambiente en que nos encontramos La tarde caía cálida y llena de actividad en la ribera del lago. Los padres recogían apresuradamente todos los accesorios que se usaron durante el día de campo. Sillas plegables, asadores portátiles, ropa, sin olvidarse de los juguetes de los niños y la lucha para que no se lleven las infaltables botellas plásticas y baldecitos llenos de peces, que después de muchas negociaciones, serán arrojados nuevamente a las aguas. Eso pasa todo el tiempo, no importa de donde sean, ni cuantos son; cada uno tendrá su contenedor con pececillos… ¿Y todo para qué? ¿Para jugar? ¿Porque es una muy buena manera de entretenerse? Pero ahí es donde radica el problema de nosotros como seres vivientes. Debemos tomar conciencia de nuestras acciones, de lo que hacemos y de lo que hacen y les enseñamos a nuestros hijos, en qué nos entretenemos los mayores y los niños de acuerdo al medio ambiente en que nos encontramos. Porque lo que hacíamos en donde nacimos- en el campo, nuestros pueblos o mi ciudad tan pequeñita – no es lo mismo que podemos hacer en donde estamos ahora. ¿Porqué no? Simplemente porque las leyes son diferentes y la cantidad de gente que nos rodea es grandísima y las consecuencias de nuestras acciones tendrá una repercusión mucho mayor. Porque si cinco chiquillos juntan pececillos en un lago en cualquiera de nuestros países, no provocarán un gran daño. Pero si ciento cincuenta niños lo hacen todos los días de las vacaciones, en cualquiera de los ojos de agua de por aquí, que tiene tanta gente alrededor; no es de extrañarse que sus aguas con sus circulitos cuando se asoman los peces a la superficie, llegue un momento que no se verá ningún tipo de movimiento en ellas. Estarán sin vida. Se volverán insalubres, porque esas criaturitas muertas, empezarán a pudrirse en las playas donde nos bañaremos y nuestros hijos jugarán. Sus cuerpitos atraerán bacterias y hongos, los cuales afectarán a las personas que entren en contacto con ellos accidentalmente. ¿Usted sabe porque se sintió mal algún miembro de su grupo después de un día de playa? ¿Abría sido por la comida o por el calor? ¿Nunca pensó en todos esos animalitos pudriéndose en las orillas o aún dentro de esas botellas plásticas con agua amarillenta? ¿Tiene idea de las infecciones que puede contraer al pasar un fin de semana en la playa? La próxima vez, cuando organice sus vacaciones; que no sea una de exterminio del medio ambiente y prepare unas excelentes vacaciones, pero… pensando en lo que le quedarán a sus próximas generaciones. Lagos llenos de vida, con aguas limpias, sin anzuelos ni líneas de pescar enganchadas, aquí y allá. Déjeles una limpia y sana herencia… a sus hijos.

 

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