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Edición Nº78
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Prisioneros del sistema

Un pobre hombre cayó en las redes de una astuta mujer

Por Julio Amuchistoga

Un pobre hombre engañado por una cruel mujer, explicaba del siguiente modo, lo que le tocó padecer, para ayudar a otros hombres… para que no les ocurra lo mismo. Después de un fracaso matrimonial, me juré nunca más volver a enamorarme. Tuve diferentes relaciones pero no me ‘entregué en cuerpo y alma’ a ninguna de ellas. Con una de mis últimas ‘conquistas’, me sentí muy orgulloso, porque conseguí enamorar una mujer mucho más joven que yo y al parecer muy ‘inocente’. Un día le propuse que viviéramos juntos. Creía en mi condición de macho, que tendría la oportunidad de moldearla a mi antojo y pensaba que la tenía dominada, porque me complacía en todo. Soportaba la imposición de no salir a bailar, mis berrinches, mis noches de copas, mis llegadas tardes, porque le hice saber desde un comienzo como iban a ser las cosas… y ella lo aceptó sin ningún problema. Hoy, después de casi cuatro años de vivir juntos, me vengo a enterar que las cosas habían sido totalmente a la inversa. Cuando descubrí el engaño que por todos esos años viví junto a ella, no podía creer que esta mujercita, tenía “UN MANUAL”, si, un libro que se sabía de memoria y aplicó las técnicas del mismo, durante el tiempo que nuestra mutua convivencia duró. El libro se titula: “Los caballeros las prefieren brutas” y el sub- título dice: someta, manipule y tenga feliz a su hombre. Hay que tener mucho cuidado, porque la autora les explica a ellas por ejemplo, como deben actuar para hacerle escuchar al hombre, lo que él quiere escuchar. Ese libro dice en una parte: ¿Por qué los hombres y las mujeres discuten? Porque ellos quieren tener la razón. Entonces, engáñalo. Hazte la tonta, hazle ‘creer a el que tiene la razón’ siempre. En otra parte dice: ¿Qué tan brutas nos necesitan los hombres y qué tan brutas estamos dispuestas a fingir que somos? ¿Vale la pena hacerse la bruta? Y aquí comienzan las instrucciones y les dice a las ‘del sexo débil’: por mucho esfuerzo que haga, todo lo que aspire a conseguir no se le va a dar como por arte de magia con solo desearlo. Piense: si en una relación anterior ya sufrió, lloró y se lamentó por las mismas cosas y rompió con él, mejor intente con este nuevo caballero conseguir algo mejor pero haciéndose la bruta. “Una mujer debe saber doblegar femenino, si es necesario, para ganar la batalla”. Nunca le quite la ilusión de que el es quien tiene el control, que es el más útil, el más amoroso, el más inteligente, el más capaz… el más... Olvídense de la tan mencionada estabilidad emocional, porque a ellos esa parte no les interesa. Al hombre le gusta la comida y quiere una mujer que sepa cocinar bien. Si a ti no te gusta cocinar, aprende a actuar y finge. Entra a la cocina y comienza a preparar con mucho amor un plato muy espacial para el… en su presencia. Asegúrate que esté viendo toda la dedicación que pones, pero en un descuido, agrégale más sal y más pimienta, o más agua, o que el arroz te quede crudo… o hecho una pasta y luego… ponte a lloenrar. Aplica esta fórmula varias veces y él se convencerá de que lo intentaste y no funcionó… y te liberarás para siempre de la cocina. No le digas nunca lo que deseas en el sexo: déjalo ‘que el sea tu maestro’, porque a ellos les encanta enseñar… porque las mujeres no saben de esas cosas. Entonces, “para mostrarte lo que es el sexo”, tendrás lo máximo en tu cama. ¿Para que le vas a discutir si manejas bien o mal el automóvil? Hazle creer que no sabes y tendrás chofer personal, que te lleve y traiga de regreso a casa. De esta manera, le das la razón a él de que no sirves para… (Lo que ellos siempre reprochan) y evitarás la depresión, la intolerancia, la soledad, amargura, frustración, rabia, tristeza y demás efectos que te causa el hecho de ‘demostrarle a tu hombre’, que no eres bruta, sabes hacer de todo… y que tienes la razón. Cosas como estas, son las que se mencionan en ese manual de instrucciones y es tremendo. Hoy les mando esta carta con mi historia, porque ella me hizo a mi exactamente esto mismo y yo me creí toda la farsa. Siempre pensé que yo tenía la razón, el control y lo peor de todo, que me amaba. Hoy estoy tratando de demostrar ante la Corte, que nunca abusé de ella, ya que para obtener la residencia, me ha acusado de violencia doméstica. Cuando leí en la edición 15 de Realidades: Green card por violencia doméstica, decidí compartirles lo que estoy viviendo para que alerten a otros. Hay mujeres que están haciendo esto, culpa del libro que es como un manual con instrucciones de cómo ellas, pueden hacernos caer lloen sus redes. Nota del Editor: Señor Julio, reproducimos su carta, porque me pareció graciosa su tragedia y porque la envió varias veces. Además, conozco el libro que menciona (aunque no aplico las técnicas) Muchos hombres como usted, desean ‘cambiar’ a las mujeres, en vez de aceptarlas como son. Con ello, solo las obligan a mentir para mantenerlos contentos, hasta que ustedes las descubren. ¿No quería una jovencita, ingenua, para moldearla a su antojo y que le aguantara sus berrinches, noches de copas etc.? Entonces… no entiendo de qué se queja ahora. A cada quien le llega lo que se merece.

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