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Edición Nº78
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Motivacion

La fábula de las nueve vacas

Por Mercedes Luna

Cuenta una fábula, que hace cientos de años atrás, unos amigos pasaron por una aldea y uno de ellos, se enamoró a primera vista de una joven que estaba lavando la ropa en el río. El hombre quiso entablar una conversación con ella y al mirarla a los ojos y ver su tímida sonrisa, supo que quería casarse con ella. El padre de la muchacha que estaba por allí cerca, se dirigió hacia donde se encontraban los jóvenes conversando y los interrumpió diciendo: Si quieres casarte con alguna de mis hijas, podemos negociar ya que tengo diferentes precios. Esta mozuela con la que estas conversando te costará solo tres vacas, pero la otra hija que tengo y que todavía no has visto, tiene un valor de nueve vacas, vale mucho más que ésta y cuando la conozcas entenderás las razones por las cuales te costará nueve vacas. El joven miró al padre de la chica y le dijo: No quiero conocer a su otra hija. Quiero esta y le pagaré con nueve vacas. No… es que usted no me ha entendido, repuso el padre de la muchacha, a ella la vendo solo por tres vacas… a la otra la vendo por nueve. El que no entiende es usted señor. Yo la quiero comprar a ella por nueve vacas. El viejo, cansado de discutir le dijo que hiciera como le diera la gana y que si quería regalar su dinero, el no podía hacer nada por evitarlo. El amigo del apuesto joven intervino para que “no cometiera semejante locura”… ¿Cómo iba a casarse con alguien que recién conocía y además, pagando mucho más dinero de lo que correspondía? De todos modos, se realizó la venta de la muchacha por nueve vacas. El amigo, después de la boda se fue a otra aldea y un día… cuando habían pasado muchos años regresó a ver que había sido de ellos. Al entrar al pueblo, vio una carroza llena de flores y una bella mujer saludando a la gente. Por fin, encontró a su amigo muy contento y feliz. Le preguntó que había pasado con ‘aquella locura’ y el hombre respondió: esa no fue ninguna locura… ¿No viste a mi esposa paseándose en carroza por las calles de la aldea? ¿No me digas que es aquella joven? ¡Que cambiada que está! Si. Por supuesto que mi mujer está cambiada. La ayudó mucho haberle dado el valor que se merecía, porque aunque su padre la vendía por solo tres vacas, yo la compré por ‘el valor que tenía para mí’. No tiré el dinero. Hice una de mis mejores inversiones, porque al sentirse valorada… empezó a vivir y a comportarse, como una mujer que valía nueve vacas y no tres. Con esta fábula tenemos dos mensajes. El primero de ellos, es la motivación que podemos causarle a una persona cuando le damos el valor que se merece. Y el segundo, es que, el hombre que es el personaje de esta fábula, es un individuo que posee mucha inteligencia emocional. Porque con su actitud (de miel en vez de hiel) se ganó a esa mujer para siempre. Eso es saber aplicar la inteligencia emocional, con su pareja. Espero que todos los lectores, puedan aplicarla en sus vidas.

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