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Edición Nº77
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Una herencia para mis hijos

EEUU devolvió alimentos a China, porque estaban contaminados con pesticidas, residuos tóxicos, veneno… y más.

Por Rodrigo Aguilar

Los ciudadanos del mundo tenemos que empezar a involucrarnos más en todo lo que es referente a la alimentación y aprender a descubrir los engaños que nos hacen con el tema de las etiquetas de los diferentes productos que nos venden en los supermercados y otras tiendas. El pasado año, en los Estados Unidos la noticia más sorprendente que escuchamos fue, que los integrantes de la comunidad hispana, que en su mayoría son Latinoamericanos, no se interesan por realizar cambios alimenticios en su dieta diaria y que “no leen las etiquetas que los diferentes productos traen en sus envases”. Si bien es cierto que algunas personas ni miran las mencionadas etiquetas, también es real que son muchos ya quienes si están exigiendo saber, cual es la procedencia de los diferentes alimentos que ingerimos para verificar cuan peligrosos pueden ser los mismos. La Organización de Food & Water Watch, envía mensualmente reportes gratuitos a sus suscriptores, para informarles lo que está ocurriendo en Estados Unidos con todo tipo de comida que llega desde China. Como sabemos, siempre se ha hablado de la “fabulosa” cultura China, pero poco a poco la tecnología permitió que empecemos a ver más de cerca esa nación y toda aquella creencia equivocada empezó a fluir como un manantial. Se supo que en la mencionada nación, no se cumplen con las regulaciones básicas para proteger la salud de los consumidores. En Estados Unidos, se construyeron viviendas con paneles que contenían materiales extremadamente tóxicos para la salud… y el material era de procedencia China. Después el tema continuó con los alimentos para mascotas, cuando muchos dueños denunciaron el fallecimiento de sus animalitos porque “la materia prima” que usaban las compañías norteamericanas para elaborar la alimentación de perros, gatos y otros, era de procedencia China. En pocas palabras: Comenzamos a entender que lo que viene de esa nación, no es para nada confiable. En estos días, un informe reveló que como la población norteamericana está tomando más conciencia sobre la alimentación, la demanda de pollo es tan grande, que para abastecer a los consumidores, están trayendo pollos desde China porque lógicamente el precio es más barato. Pero que el costo sea bajo, no significa que el producto es de buena calidad. Estados Unidos, reuso recibir ciertos cargamentos con alimentos, incluidos pollos, galletas, caramelos, jugos, té, vegetales en latas y frizados, además de diferentes clases de especias. Si los lectores se están preguntando porque razón, EE.UU. envió de regreso o no aceptó esas mercancías, se debió a que los inspectores estadounidenses descubrieron químicos y contaminación en los alimentos, tales como “pesticidas”, residuos tóxicos y no saludables que fueron descritos como “poisonous” (venenos, o pociones). En pocas palabras, los pollos que nos comemos en Estados Unidos y vienen de China, o de granjas que no cumplen con las medias de salud requeridas, están contaminados. Muchos de estos animales que después ponemos en nuestros platos y llevamos a la mesa y les servimos a quienes tanto amamos, están en criaderos, donde la comida de esos pollos está mezclada con insecticidas y productos tóxicos. Debido a ello, es que existen tantos y tantos casos (cada vez más) de personas que padecen de cáncer. Mi recomendación es la siguiente: miren bien las etiquetas, verifiquen de donde provienen los productos (no desde donde los distribuyen porque son dos cosas distintas) y si el dinero no les alcanza para comprar un pollo sano y de buena calidad, pues vuélvase vegetariano… o aténgase a las consecuencias.

 

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