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Edición Nº77
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Los golpes que hieren el alma y dañan el cuerpo

Por Ignacio Tanquia

Se habla poco de las consecuencias y trastornos físicos que presentarán las víctimas relacionadas con el maltrato verbal.

Cuando escuchamos la palabra violencia, generalmente nos enfocamos en la agresión física. Pero hay una tipo de violencia, que hace mucho daño a las personas y pocos reconocen que la cometen, porque es la que se aplica sobre las emociones. Se trata de la violencia psicológica a través de insultos, críticas constantes, desprecios y abandonos, de manera verbal. Las víctimas que padecen de maltrato físico, son más fáciles de descubrir, ya que presentan en sus cuerpos señales de haber sido golpeadas y pueden recibir ayuda más pronto que aquellas a las que se les maltrata la mente, la psiquis. Las heridas en el alma, en el espíritu, generalmente pasan desapercibidas y por esa razón, las víctimas de esta clase de maltrato padecen por muchos años ya que generalmente, se manifiesta en el seno del hogar y pasa desapercibido. Las sensaciones y emociones que presentan las víctimas de maltrato psicológico, se manifiestan cuando demuestran que se sienten: humilladas, agredidas, tensionadas, tristes, deprimidas, amargadas, sin esperanzas, confundidas, infelices, culpables, etc. De lo que se habla poco, es de las consecuencias y trastornos físicos que presentarán las víctimas relacionadas con el maltrato verbal. Ocurre que los sentimientos, sensaciones y emociones van muy ligados y comienzan a afectar poco a poco a las personas abusadas. Estos trastornos son variados y pueden presentarse como leves alteraciones del sueño, hasta graves psicosis paranoides. El maltrato psicológico, puede ocasionar serios trastornos físicos, los que conocemos como trastornos de la salud tradicional. Por ejemplo, el estrés, las úlceras estomacales, los dolores de cabeza, la alteración de la presión arterial, problemas cardíacos y hasta cáncer. Cabe mencionar que estadísticamente hablando, el agresor que abusa verbalmente tiene un alto porcentaje de llegar luego, al maltrato físico. Quien maltrata es un enfermo, que viene de una familia disfuncional. Los niños de esta clase de hogares, crecieron en medio de peleas y sin haber escuchado mensajes importantes de parte de sus progenitores tales como: “has hecho un buen trabajo”, “agradezco tu ayuda”, “eres muy inteligente” etc. Crecen y llegan a adultos llenos de inseguridades, complejos y frustraciones que tratarán de sacarse “maltratando a su pareja”. Debido a estudios de profesionales, en estos momentos sabemos que la dinámica de la violencia intrafamiliar existe como un ciclo que pasa por diferentes fases y que son: Cuando la pareja recién se conoce, va todo normal y a medida que la relación continúa, se incrementa la demanda así como el estrés… y se acumula la tensión. Hay un aumento de agresividad, más hacia los objetos que hacia la pareja, como por ejemplo: arrojar objetos, dar portazos, romper cosas. El comportamiento violento es reforzado por el alivio de la tensión, después de la violencia. La mujer empieza a sentirse responsable por el abuso. El violento se vuelve controlador y se obsesiona observando a la mujer todo el tiempo que puede. Logra aislar a la víctima de sus familiares y amigos. Llega a decirle a su pareja por ejemplo, que si se aman, no necesitan a nadie más, o que ellos discuten y pelean por culpa de los familiares, amigos… por los demás. Luego aparecerá el episodio agudo de violencia y se manifiesta cuando el agresor, comienza a tener la necesidad de descargar las tensiones acumuladas y hasta piensa como va a agredir a su compañera. Como resultado de acto violento, el agresor verifica que la tensión y el estrés desaparecieron. Luego llega la etapa de la calma, arrepentimiento o luna de miel, la cual se caracteriza por un período de calma no violento y de muestras de amor y cariño. En esta etapa, el abusador suele darle a su pareja algún síntoma de esperanza de que ‘el va a cambiar’, actúa como que nada hubiera sucedido, promete buscar ayuda y no volver a hacer… lo que hizo. El maltratador es un enfermo que no se podrá curar el solo y necesita asistencia de un profesional, para aprender a manejar el estrés y también la violencia y frustración que lleva por dentro, ya que los agresores domésticos, generalmente trasladan la agresión que han acumulado en otros ámbitos, hacia sus mujeres. En pocas palabras, la capacidad o valentía que no tienen para enfrentarse con sus problemas, frustraciones o con otras personas, la poseen para descargarla con sus parejas.

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