¿Qué te da el arte?

Por Marlene María Pérez Mateo
Las respuestas a muchas preguntas y también las interrogantes, están en el arte.
Trascenderse a si mismo, a su tiempo y a otros es una necesidad primaria de los hombres. Es este deseo útil que se viene repitiendo por siglos, al retomar los pilares temáticos de la humanidad, una y otra vez, de distinto modo en la espiral vertiginosa de la historia, es lo tan justamente llamado arte. En ello se implica la belleza, esa argamasa dúctil, exigente y necesaria de alquimista. Ejecutar o contemplar una obra artística es el inicio de un viaje interno singular y único. El arte es así, inocente y juguetón en eso de mostrar sin proponérselo lo insospechado y silente. Al unísono el arte no es inofensivo, pues en su propósito intencionado o no; descubre perspectivas y aristas incompatibles con la intolerancia, lo absurdo y el totalitarismo. El arte esta en el hombre mismo, en su naturaleza; aunque a veces falte el escultor, el músico, el pintor, el danzante o el escritor que le interprete y desvele. El arte da la oportunidad de ser un poco de cada uno de ellos y quizás mas, en el carisma escondido de cada día, objeto o persona. Cada recodo del camino encierra un arte hecho o por hacerse, en ese misterio de ver mas allá de los ojos físicos, generalizando lo particular, singularizando lo general y expresándolo a otros. La "torre de marfil' tantas veces achacada a los artistas, es uno de los comunes malentendidos. Más, que evasión es la incomprensión de los observantes, que la huida en si misma del creador. El nivel errado de percepción del hecho artístico puede ser quizás la "torre de marfil" de los equivocados. El hechizo inicial sin ir mas allá de lo superficial puede ser pasajero, aunque no es un mal comienzo necesariamente, en la admiración del arte. Luego en dependencia del: espectro del observante y la capacidad sobrecogedora de la creación en si misma, ese periplo inexplicable e irreprochable va alcanzando su propia dimensión. La obra ha llevado y puede llevar, al autor; aunque en ocasiones lo opuesto llega a ocurrir. Ello trae casi sin quererlo a los tiempos y circunstancias fuera del contexto vital y con ello al enriquecimiento. Es en ocasiones cuestionable si alguna vez el arte da algo sustancialmente tangible o palpable. La respuesta más presta es: no. Si nos adentramos en la interrogante: ¿Cuantos han llevado pan a su mesa directa o indirectamente por ser parte de una producción artística? He allí la respuesta. Son pocos los que hacen a la buena su trabajo artístico y pueden vivir de ello totalmente sin ser ello intensión inicial, no necesariamente desdeñable. Puede decirse que el arte da mucho, pero también quita: horas de sueño, recursos, ilusiones, privaciones económicas, esfuerzo físico y más. Tal vez recuperables en algunos casos, pero infinitamente compensados en la satisfacción personal. La posibilidad de vivir varias vidas a la vez, de entender la propia y la de nuestros semejantes se logra por medio de los artífices del entorno artístico. El arte ha sido sanador en su destreza de desnudar lo noble del ser humano ante las evidencias contradictorias de la contemporaneidad. Es esa relación pasado y futuro donde nos ubicamos en el punto equilibrante del hoy; y es el arte quien fija el tempo, la marcha en el palpitar expresivo en cada creador y obra. En esa búsqueda en los misterios del tiempo y el entorno tener en el arte de cómplice y colega es ya en si un lujo de beldad inestimable.