Mientras quienes pueden estudiar no lo hacen… a otros… les cortan los dedos o los dejan ciegos… para que ni intenten hacerlo…

Por Mercedes Luna
A través de esta columna, queremos convertirnos en la voz de los indefensos, en esos que viven en lugares donde impera la palabra injusticia. Donde ser niño es un pecado y ser mujer es sinónimo de dolor, atropello y sufrimiento. Sabemos que si todos mantenemos silencio e ignoramos el maltrato al que son sometidos millones de personas en el mundo entero, nada va a cambiar. Pero si comenzamos a enterarnos más y unimos nuestras voces, podremos comenzar a marcar una diferencia. En el sur de Asia existe un país que se llama Bangladesh, en el cual las mujeres y los niños son abusados de la peor manera. Uno de los casos más recientes, fue el que ocurrió a principios de diciembre del año 2011. Un hombre de treinta años de edad, estaba trabajando en Dubai y regresó a su hogar antes de lo previsto. Se enteró entonces que su esposa de veinte, le había desobedecido y estaba asistiendo a la escuela. Se arrimó a ella y le dijo que iba a darle una sorpresa. Le vendó los ojos y le cortó los cinco dedos de la mano derecha para que entienda que ella, no podía ni debía estudiar. Este ha sido uno más de todos los actos violentos que se comenten a diario en contra de aquellos que desean estudiar. Esta joven mujer, pudo ser llevada al hospital para ser atendida solamente, porque intervino la familia y el agresor autorizó a que le brindaran asistencia médica después de largas horas de súplicas. Los dedos no pudieron ser reimplantados, porque el esposo se negó a entregarlos ya que sabía que después de transcurrido cierto tiempo nada podía hacerse, por ese motivo, los arrojó a la basura. Lamentablemente, nada de esto es nuevo, ya que otras naciones que comparten la misma ideología y cultura, actúan de similar manera cuando se enteran que las niñas se dirigen a la escuela. En Afganistán por ejemplo, fueron quemadas unas doce niñas cuando grupos de talibanes les arrojaron ácido de batería cuando las menores iban camino a la escuela. Muchas quedan mutiladas ante estas salvajes agresiones, ya que los atacantes saben que sin manos y sin ojos, será difícil que puedan retomar los estudios. No podemos negar que Amnistía Internacional ha logrado ciertas reformas y que UNICEF promueve a nivel mundial la educación a las niñas, incluso las cifras de estudiantes ha aumentado en muchas de estas naciones, la violencia no disminuye debido a la cultura que impera en esos países. En Guinea, por ejemplo, se logró cambiar los libros de estudio ya que con los que se enseñaba anteriormente, señalaban claramente que las mujeres estaban destinadas al hogar y la crianza de los hijos, sin ningún tipo de derechos. La ley del patriarca prevalece en estas naciones y si las mujeres no obedecen son encarceladas con sus hijos. La mayoría de ellas comienzan a vivir calvarios cuando quedan viudas, porque según la tradición, la mujer no puede estar sola y si el esposo muere, pues se convertirán entonces en la mujer del cuñado. Si ellas no aceptan, sus propios cuñados las denuncian y son encarceladas con hijos y todo. Aunque muchos aseguran que las cosas han cambiado desde la intervención estadounidense, cabe resaltar que los Talibanes no se han dado por vencidos tan fácilmente. Las mujeres en Kabul todavía usan el burka que las cubre completamente de pies a cabeza y no pueden tener acceso a la asistencia médica masculina… pero como las mujeres no pueden estudiar, no hay doctoras y la gran mayoría de las mujeres viven sin ser vistas nunca por un médico. Esto ocurre en Kabul, una de las ciudades más conocidas. Amnistía Internacional y UNICEF dicen, que fuera de Kabul… es peor. Por ese motivo tenemos que comenzar a convertirnos en la voz de todos aquellos que no pueden expresarse. Tenemos que ser la voz de los que no tienen voz y debemos comenzar a dejar de aceptar… lo inaceptable