Cuarenta años atrás… ¿Existía La onda verde?

Por Judith Marti
Estaba junto a unos amigos y familiares festejando el cumpleaños de un señor mayor. Entre los regalos que le hicieron había un cuadrito con una historia que, aunque nos causó risa, estaba llena de verdades. Deberíamos leer con cuidado lo siguiente, para entender cual es la diferencia entre lo descartable, el derroche de electricidad y todas las cosas que a veces, hacemos mal. En la fila del supermercado, el joven cajero le dijo a una señora mayor, que debería traer su propia bolsa de compras ya que las bolsas plásticas no eran buenas para el medio ambiente. La señora pidió disculpas y explicó: Es que no había onda verde en mis tiempos. El empleado le contestó: Tiene razón, nuestra generación no tenía esa onda verde en esos tiempos. Ho no, exclamó la mujer. En aquellos tiempos, las botellas de leche, de gaseosas y cerveza, se devolvían a la tienda. La tienda las enviaba de regreso a la planta y allí las lavaban y esterilizaban antes de llenarlas de nuevo, de esa manera las botellas podían ser usadas una y otra vez. Así, realmente, las reciclaban. Pero no teníamos onda verde en nuestros tiempos. Subíamos las gradas, porque no había escaleras mecánicas en cada centro comercial ni en las oficinas. Caminábamos para ir al almacén en lugar de usar nuestro vehículo de trescientos caballos de fuerza cada vez que necesitábamos correr dos cuadras. Pero tiene razón, no teníamos la onda verde en nuestros días. Por entonces, lavábamos los pañales de los bebés porque no había desechables. Secábamos la ropa en tendederos, no en esas máquinas consumidoras de energía sacudiéndose a 220 voltios. La energía solar y eólica secaban verdaderamente nuestra ropa. Los chicos usaban la ropa de sus hermanos mayores porque no siempre se podía andar con modelitos nuevos. Pero está en lo cierto: no teníamos onda verde. En ese entonces teníamos un televisor o radio en casa, no un televisor en cada habitación como se acostumbra ahora. La pantalla era pequeña y no conocíamos los televisores con pantallas gigantescas. En la cocina, molíamos y batíamos a mano, porque no había máquinas eléctricas para que lo hicieran por nosotros. Cuando empacábamos algo frágil para enviarlo por correo, usábamos periódicos arrugados para protegerlo, no tergopol o golitas plásticas. En esos tiempos, no encendíamos un motor y quemábamos combustible, solo para cortar el pasto. Usábamos una podadora que funcionaba "a músculo" hacíamos ejercicio trabajando, así que no necesitábamos ir a un gimnasio para correr sobre pistas mecánicas que funcionaban con electricidad. Pero usted está en lo cierto: No teníamos una onda verde. Bebíamos de una fuente cuando teníamos sed, en lugar de usar vasitos de plástico cada vez que queríamos tomar agua. Recargábamos las plumas fuente con tinta, en lugar de comprar una nueva y cambiábamos las hojitas de afeitar, en vez de tirar a la basura la máquina completa porque la hojita perdió su filo. Pero por entonces, no teníamos una onda verde. En aquellos tiempos, la gente tomaba un tranvía o el ómnibus y los chicos iban en sus bicicletas a la escuela o caminaban en lugar de usar a mamá como un servicio de taxi de veinticuatro horas. Teníamos un enchufe en cada habitación, no un banco de enchufes para alimentar una docena de artefactos y no necesitábamos un aparato electrónico para recibir señales de satélites a kilómetros de distancia en el espacio, para encontrar la pizzería más cercana. Así que… ¿No les parece lamentable que la actual generación esté lamentándose cuán botarates éramos los viejos por no tener una onda verde en nuestros tiempos? Tengan esto a mano, por si algún jovencito maleducado, les quiere dar una lección sobre conservación.