Aprendamos a dominar los animales que llevamos por dentro

Por Liliana Lopez
Cuenta una vieja historia, que había una vez un viejo ermitaño que vivía refugiado en la soledad de una gran montaña, para dedicarse a la meditación y la oración. A veces, cuando se acercaba al pueblo en busca de víveres, se quejaba porque tenía mucho que hacer. La gente no entendía como era posible que tuviera tanto trabajo en su retiro en la montaña, hasta que un día el les explicó lo siguiente: Tengo que domar a dos halcones, entrenar a dos águilas, mantener quietos a dos consejos, vigilar de cerca de una serpiente, cargar un asno y someter a un león. No vemos ningún animal cerca de la cueva donde vives. ¿Dónde están todos esos animales que mencionas? Entonces el ermitaño dio una explicación que todos entendieron. Estos animales los llevamos dentro. Los dos halcones se lanzan sobre todo lo que se les presente, ya sea bueno o malo. Tengo que entrenarlos para que solo se lancen sobre presas buenas: Son mis ojos. Las dos águilas con sus garras hieren y destroza. Tengo que entrenarlas para que solo se pongan al servicio y ayuden sin herir: Son mis manos. Y los conejos, quiere ir a donde los plazca, huir de los demás y esquivar las situaciones difíciles. Tengo que enseñarles a estar quietos aunque haya un sufrimiento, un problema o cualquier cosa que no me gusta: Son mis pies. Lo más difícil es vigilar a la serpiente. Aunque se encuentra encerrada en una jaula de 32 varillas, siempre está lista para morder y envenenar a los que la rodean, apenas se abre la jaula. Si no la vigilo de cerca, hace daño: es mi lengua. El burro es un obstinado porque no quiere cumplir con su deber. Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de cada día: Es mi cuerpo. Finalmente, necesito domar al león, el quiere ser el rey, quiere ser siempre el primero, es vanidoso y orgulloso: Ese es mi corazón. Muchas veces vivimos en un cuerpo que no nos obedece y termina haciendo lo que quiere. De allí, es que nuestra personalidad, no es firme y se maneja a su antojo. Por esa razón, es importante de vez en cuando tomar un tiempo libre para analizarnos y domar, adiestrar, entrenar, enseñar a nuestro ser, para que con el tiempo, lleguemos a ser cada día mejores seres humanos. Para lograrlo, no necesitamos ser ermitaños ni alejarnos del mundo que nos rodea, ni refugiarnos en la soledad de una montaña. Solo debemos aprender a estar con nosotros mismos y tener la intención de cambiar las cosas… ¡Que podemos cambiar!