Haz como la rana, no te rindas y sigue luchando hasta el final

Por Mercedes Luna
A veces estamos en situaciones que no son las mejores y no sabemos que hacer para zafarnos de ellas y dejamos de luchar, porque literalmente sabemos que 'no hay salida'. Siempre hay que continuar, porque aunque la lógica nos diga que no hay nada más por hacer, la vida misma se encarga de darnos la solución para poder zafarnos de ciertas circunstancias. Como ejemplo, observemos la siguiente fábula: Resulta que había dos ranitas que aprovechando su día libre salieron a pasear por una hermosa mansión. Cuando llegaron a la cocina en busca de algo de comer, resbalaron en unas gotas de aceite y cayeron en un gran recipiente de crema. Inmediatamente sintieron que se hundían; era imposible nadar o flotar mucho tiempo en esa masa espesa que era como arenas movedizas que las iba devorando. Al principio, ambas patalearon para intentar llegar al borde y así liberarse, pero era inútil; sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse poco a poco. Sintieron que cada vez era más difícil salir a la superficie a respirar. Una de ellas dijo en voz alta: - No puedo más. Es imposible salir de aquí, esta materia no es para nadar. Ya que voy a morir, no veo para qué prolongar este dolor. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril. Me rindo, no tengo más opción, yo me entrego, mi vida ha terminado...Y dicho esto, dejó de patalear y luchar y se hundió lentamente siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco. La otra rana, más persistente o quizás más perseverante, se dijo: - Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo ya que la muerte me llega, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quisiera morir un segundo antes de que me llegue mi hora; no quiero dejar de hacer todo lo posible para conservar mi vida. Y siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar un sólo centímetro. ¡Horas y horas! Continuó sin descanso moviendo sus patas, pataleando y agitando y agitando y pataleando… y lo hizo con tanta decisión y con tanta voluntad que, sin darse cuenta, la crema se convirtió en manteca, pudiendo pisar firme. La rana sorprendida dio un salto y patinando llegó hasta el borde del recipiente. Desde allí, sólo le quedaba ir croando alegremente de regreso a casa. Cuando la vida te ponga en situaciones donde creas que ya nada puedes hacer, recuerda esta fábula y piensa que la perseverancia es la base de todo. Aplícalo en tu vida… y ¡Suerte!