Las mujeres que nunca sonríen

Por Liliana Lopez
Muchas mujeres nos quejamos de los zapatos de tacón, porque no encontramos exactamente el color que buscamos. A otras, nos molesta que el maquillaje esté un tono más claro que el que usualmente utilizamos. A veces nos quejamos porque el viento nos despeinó, porque el pantalón no nos queda ceñido… y tenemos tantos 'motivos' para quejarnos que ignoramos a un grupo de mujeres que viven en otras latitudes y que nunca sonríen. Son las mujeres afganas. A continuación, la manera en que por desgracia, aún tienen que vivir. Todos pensaron que tras el derrocamiento del régimen Taliban, las mujeres afganas se liberarían de la burka y podrían comenzar a llevar una vida normal y en libertad. Pero no hubo cambios. Lo único que cambió fue un régimen fundamentalita por otro. Los de la Alianza del Norte son tan o más crueles y brutales que los Talibanes. Las mujeres afganas continúan viviendo sin derechos en un país que a los ojos de la Comunidad Internacional, cuenta con un gobierno 'democrático'. Continúan las violaciones de mujeres, los arrestos y los asesinatos. Muchas mujeres se suicidan y se autoinmolan, para escaparse del infierno que son sus vidas. Muchas de ellas son rociadas con combustibles y prendidas fuego por sus propios esposos porque no les obedecieron y tal antorchas humanas, la mayoría muere o queda con severas quemaduras en todo el cuerpo. Las mujeres afganas no pueden trabajar, ni estudiar. No pueden salir solas a la calle, ni hacer ruido al caminar. No las pueden revisar ni tratar médicos hombres, no pueden asomarse a las ventanas, no pueden usar tacones altos y no pueden sacarse el burka (especie de sudario portátil que les cubre desde la cabeza hasta los pies) y les dificulta la respiración. Reciben azotes en público e insultos si no usan el burka, o si se les ven los tobillos. De igual modo si salen sin la compañía de un hombre se su familia. No pueden reír en voz alta. No pueden usar cosméticos, ni pinturas en sus uñas. Tienen prohibido hablar con cualquier hombre que no sea su acompañante. No pueden reír en voz alta, no pueden asistir a reuniones públicas ni practicar deportes. No pueden subir a un taxi sin la compañía de su mahram (familiar acompañante) ni montar bicicletas. Tampoco pueden lavar la ropa en ríos o lugares públicos. No pueden usar pantalones, ni siquiera debajo del burka o usar colores vistosos. No pueden escuchar música, ni ver televisión. Las mujeres adúlteras son lapidadas vivas. Todos los viernes celebran ejecuciones y mutilaciones públicas en estadios deportivos y los niños están obligados a ir y presenciar lo que allí ocurre.

Como es de suponer, un alto porcentaje de la población padece de trastornos mentales y son violentos. Las mujeres que quedan viudas, generalmente mueren de hambre, porque tienen prohibido trabajar. Las que se aventuran a hacerlo, son apaleadas y golpeadas hasta morir. Cuantas veces nos enojamos por tener que estudiar, ir a trabajar, ir al mercado o porque el tacón no era como lo queríamos. Las mujeres afganas, no tienen acceso a nada de eso. No es acaso todo esto, motivo para agradecerle a Dios cada día por la libertad que tenemos… y por tantas cosas más… tratemos de colaborar con las mujeres que nunca sonríen, para que el sufrimiento que tienen que padecer por el solo hecho de ser mujeres, pronto pueda ser erradicado de Afganistán.