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Edición Nº 38
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Con Sentido Común

¡Los hijos son los peores jueces!

Por Veronica Chacón

Rita y Manuel se enamoraron perdidamente cuando iban a la escuela secundaria. Los familiares de ambos, pensaron que solamente era un amor de estudiantes y que al ingresar a la universidad ‘se les pasaría’. Pero ocurrió todo lo contario. Comenzaron los estudios superiores y cuando apenas les faltaba dos años para finalizar, Rita quedó embarazada. Aunque no era el mejor momento para la llegada de ese niño, la pareja estaba feliz, pero también sabían que venían tiempos difíciles. Un domingo al medio día, Manuel y Rita les comunicaron a los padres de ella la noticia. La reacción de los futuros abuelos fue inmediata: se alegraron por la llegada del bebe. Ofrecieron ayudar en todo lo que pudieran y les prometieron apoyarlos a ambos. Sin embargo, las cosas no resultaron de igual manera cuando se dirigieron a la casa de la familia de Manuel. Comenzaron a tratarlos de inmaduros, les reprocharon el hecho de no planificar la vida y ‘casi toda la culpa del embarazo’ se la achacaron a Rita.

Cuando llegaron al pequeño estudio en el que vivían, ella rompió en llanto. Su esposo comenzó a calmarla y le prometió ese día que a ella y al niño nada les faltaría. Ambos continuaron trabajando y estudiando como venían haciéndolo desde que se habían casado, pero sabían también, que no iban a poder afrontar todos los gastos. Cuando Rita dejara de trabajar el salario de Manuel no sería suficiente. Temían que el joven no pudiera terminar sus estudios. Mes tras mes, la familia de ella le compraba ropita para el bebe. Una cosa se la regalaba la tía, otra el tío, la abuela o el abuelo. Pero de la otra familia, solo se percibía silencio. Un mes antes del nacimiento del niño, los jóvenes padres decidieron lo que harían: con lo que habían ahorrado más lo que él ganaba en el trabajo, trataría de sacar su pequeña familia adelante. Después, continuaría solamente Manuel en la universidad. Era la mejor decisión, porque uno de los dos tendría que cuidar del niño. Al nacer Ángel Manuel, la felicidad fue total. Todos estaban muy contentos por la llegada del nene… menos… la familia paterna. Faltaba poco más de un año para finalizar la universidad de Manuel y este joven luchó, trabajó y estudió a la par, no le hizo faltar nada a su pequeña familia y salió adelante gracias al apoyo incondicional que le brindó la familia de su esposa. Cuando los tiempos no eran buenos, muchas veces ‘los abuelos’ les traían de regalo los pañales, la leche y la comida al bebe.

Otras veces, las compras del supermercado. Ese tipo de acciones, ayudaban a Manuel a no desfallecer y seguir luchando. Un día, finalmente, el joven terminó sus estudios… y fue el turno de Rita. Los padres de ella cuidaban al niño ya que el bebe había crecido y ‘hombro a hombro’ ambos alcanzaron las metas que se habían trazado. Para esta pareja, cuando Rita obtuvo su diploma, fue como tocar el cielo con las manos. Ambos estaban tan felices. Pero había algo que casi ni se mencionaba entre ellos y era la falta de apoyo e interés que había demostrado siempre la familia de Manuel. Un día, Manuel le pidió a Rita que lo acompañara a la casa de sus padres y allí, los miró como a unos desconocidos. Les dijo que ambos se habían graduado, que tenían un niño hermoso que sus padres no conocían y que se habían perdido los mejores añitos de Ángel Manuel y que en vez de enojarse con ellos, deberían haberlos apoyado como hicieron los padres de Rita. De haber sido así, el no sentiría el dolor por el rechazo ni el abandono que sufrió por la decisión que tomaron sus padres.

Muchos progenitores a veces, no apoyan a sus hijos en ciertos momentos difíciles de la vida y no hay peores jueces… que los mismos hijos. Las heridas que causan ciertas acciones son tan grandes que se necesita mucho tiempo para poder cerrarlas. Cuando vemos historias de esta naturaleza, podemos sacar en conclusión, que los padres de Manuel estuvieron de pérdida en pérdida. Perdieron de ver y disfrutar a su hijo, luego de ver nacer a su nieto, de verlo crecer, de dar sus primeros pasos, caminar… etc. La vida no da vuelta atrás y siempre hay que pensar primero… antes de tomar alguna acción que pueda herir a quienes más queremos… con heridas profundas y difíciles de sanar. Por eso, atrévete y Sé Diferente.

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