Los años nos ayudan a adquirir sabiduría…

Por Judith Marti
En la actualidad, muchos de nosotros asistimos a fiestas que no nos gustan, o soportamos estar al lado de una persona que no es de nuestro agrado y sin darnos cuenta, perdemos el tiempo sin entender, que todo lo que se va, queda en el pasado. Con los años, cuando la piel se nos va arrugando, nos volvemos sabios y aprendemos a cuidar cada minuto de nuestra vida y lo fundamental, aprendemos a no malgastar el tiempo. Porque la vida avanza… no retrocede. Hace unos días me llegó por e- mail una reflexión maravillosa. Me pedían que lo publicara por favor y que simplemente se lo dedicara a María Eugenia. Estoy cumpliendo con el pedido. Lamentablemente, no sé quien es el autor de tan hermoso escrito, pero vale la pena leerlo detenidamente y aprender a vivir como se debe. Haciendo lo que queremos y diciendo ‘no’ a lo que ‘no queremos’ en nuestra vida. Espero que lo disfruten y no esperen a que ‘la caja de frutas esté medio vacía para disfrutar la vida’… comiencen ahora mismo.
La joven de la caja de dátile
Conté mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante que el que viví hasta ahora. Me siento como aquella joven que se ganó una caja de dátiles. Los primeros se los comió con displicencia pero cuando pensó que quedaban pocos comenzó a comer de un modo diferente: los roía disfrutándolos hasta el carozo. Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades. No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados. Me molestan los envidiosos que tratan de desacreditar a los más capaces para apropiarse de sus lugares y logros. No pienso aceptar cosas ni situaciones solo para quedar bien con alguien… ya no más. Dejaré de volver la cara a la verdad solo para seguir en una falsa comodidad o por miedo al dolor de comenzar de nuevo. Ahora… me arriesgo. Ya no tengo tiempo para reuniones interminables donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada. Ya no tengo tiempo para soportar mediocres personas, que a pesar de su edad cronológica son unos inmaduros. Mi tiempo es escaso como para disentir títulos. Quiero la esencia, mi alma tiene prisa… mi corazón está ansioso. Sin muchos dátiles en la caja, quiero vivir al lado de gente humana… muy humana. Que sepa reír de sus errores, que no se envanezca con sus triunfos, que no se considere electa antes de hora, que no huya de sus responsabilidades. Que defienda la dignidad de los marginados y que desee tan solo… andar al lado de Dios. Caminar junto a cosas y personas de verdad, disfrutar de un afecto absolutamente sin fraudes, nunca será pérdida de tiempo. Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena… y mi vida… ¡Sí que lo vale! Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas. Que canten, que bailen, rían y se aventuren más. Gente que los golpes duros de la vida, les enseñó a crecer con toques suaves en el alma… y siguen creyendo en el amor. Sí, tengo prisa… por vivir con la intensidad, que sólo la madurez puede dar. Pretendo no desperdiciar parte alguna de los dátiles que me quedan… estoy seguro que serán más exquisitos que los que hasta ahora he comido… por la experiencia que tengo hoy. Porque hoy… dejé de desear que mi vida fuera diferente y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Me libero de todo lo que no es saludable… personas… situaciones… todo… y cualquier cosa que me empuje hacia abajo. Hoy desisto de querer tener siempre la razón… y con eso me equivoco mucho menos… Ya no revivo el pasado y no me preocupo por el futuro. Más bien me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Porque mi meta… es llegar al final satisfecha, plena y en paz con Dios… La tuya… ¿Cual es? Porque de cualquier manera, aunque elijas otro camino, llegarás a tu fin. Piénsalo.