Remembranzas y consejos de un padre feliz
Por Juan Luna
“Quiero educar a mis hijos de la misma manera que ustedes lo hicieron conmigo”.
Soy padre de dos hijos y aunque reconozco que educarlos en este país, no ha sido fácil, estoy convencido que si sabemos guiarlos e inculcarles los principios éticos y morales, ellos responderán positivamente a nuestras enseñanzas. Recuerdo que cuando eran pequeños, mi hija un día llegó de la escuela y mostrándome orgullosa un examen en el cual se había sacado un cien, me dijo: Ahora me tienes que dar diez dólares. Cuando me miró a los ojos, comprendió que estaba haciendo algo incorrecto, entonces agregó: la mamá de mi amiga María, le da dinero cuando ella se saca excelentes calificaciones. Ante lo que yo consideré una impertinencia de su parte, la senté en una silla y le dije: “mi obligación como padre, es ir al trabajo todos los días, hacer muy bien “mi tarea” y desempeñarme perfectamente en las funciones que debo realizar, para que en esta casa, no falte absolutamente nada”. Tu deber, es ir a la escuela y sacarte notas excelentes todos los días, para que no pierdas ningún grado ni tengas que estar tomando clases en verano.

De esa manera, podrás descansar, disfrutar de tus vacaciones y cada uno de nosotros, cumplir con sus deberes y obligaciones. Y con esas palabras, daba por terminada la conversación. Cuando mi hijo varón no tenía clases lo llevaba a mi trabajo, para que observara lo fuerte que debía laborar para ganarme el sueldo. El sabía que en este país, no podía desempeñarme en mi profesión original y para que a ellos no les faltara nada, trabajaba en lo que “más dinero daba” que era el oficio de mecánico. Esa simple acción, le sirvió para que un día le comentara a su mamá: “no me veo heredando el trabajo de mi papá”. Debido a ello, le puso muchas ganas a los libros y estudió muy fuerte hasta que se recibió de arquitecto. Mi esposa y yo, les mostramos a ambos las cosas tal cual son. Jamás les inventamos “un mundo color de rosas”, porque la vida se encuentra plagada de espinas. Ambos recibieron grandes dosis de amor, pero supimos balancear el cariño con la disciplina he hicimos que respetaran y siguieran las reglas establecidas en nuestro hogar. Debo agregar, que cada vez que nos necesitaron siempre estuvimos junto a ellos, asistíamos a las reuniones de la escuela, platicábamos con sus maestros, les ayudábamos con sus tareas, conocíamos a sus amigos y los invitábamos a nuestra casa, pero a la vez sabíamos exigirles. Recuerdo que a ambos, les gustaba ver mucho la televisión y para alejarlos de la pantalla chica y de la violencia que se encuentra en la mayoría de los programas, mi señora y yo, desarrollamos una estrategia para lograr que poco a poco, se interesaran más en otras cosas. Para ello, después de cenar, extendíamos la sobremesa y comenzamos a contarles a nuestros hijos, las cosas que hacíamos nosotros cuando teníamos la edad de ellos… “sin televisión”… ya que en aquel entonces… no poseíamos uno de estos aparatos. Les comentábamos lo bien que la pasábamos leyendo libros de todo tipo, realizando también diferentes actividades y les hacíamos entender, que el día que ellos fuesen padres, no tendrían vivencias para relatarles a sus propios hijos. Tal vez solo podrían decirles: Yo miraba muchos programas de televisión pero no tengo recuerdos de montar bicicletas, subir a un árbol, jugar en la nieve, o a la pelota etc. solo… veía la televisión. Con orgullo puedo hoy decir, que hace poco mi hija Paula llegó a nuestra casa y muy seria nos dijo: viejos, por favor, no le regalen a mi hija (nuestra nieta) ningún video juego porque quiero criar a mi niña de la misma manera que ustedes me criaron a mí. Nuestro hijo, que también es padre, todavía no tiene televisor en su casa. Sabe por experiencia propia, que estos aparatos le van a quitar valiosas horas que podría pasar con su hijito, relatándole todas las vivencias que el y su hermana guardan de aquella infancia maravillosa, cargada de inolvidables recuerdos. Como padre puedo asegurar, que nada en este mundo nos llena más de satisfacciones que escuchar de la boca de nuestros propios hijos, la frase: “Quiero educar a mis hijos de la misma manera en que ustedes lo hicieron conmigo”. Esto nos demuestra una vez más, que al final del camino, se “recoge lo que se siembra” si sabemos ser buenos hortelanos porque al fin de cuentas, la familia… es mucho más… ¡Que costumbres!