Las sabias palabras de una analfabeta

Por Mercedes Luna
Cuando era niña, le preguntaba a mi madre cual era la religión que debíamos tener para estar más cerca de Dios…. como podía hacer para ver a Dios… para encontrar a Dios. Ella me decía que a Dios no le importaba la religión que los creyentes profesaran y que a Él, se lo podía ver cuando ayudábamos a un viejito a cruzar la calle, o cuando le dábamos alimento al necesitado y cuando llevábamos una palabra de aliento al desesperado. Con el correr de los años, cuando tenía apenas unos veinte años, mi madre agonizaba. En su lecho de muerte le pregunté: ¿cómo podré verte de nuevo? ¿Dónde podré encontrarte? Y ella muy débilmente me respondió: me encontrarás cada vez que ayudes a un viejito a cruzar la calle, a darle alimento al hambriento y palabras de aliento al necesitado. Con ello entendí, que a Dios lo único que le interesa es que cada día, cada uno de los seres humanos, se convierta en un ‘mejor ser humano’. Las palabras de mi sabia madre, siempre me han acompañado pero hace unos días, me llegó un informe muy bonito que me hizo regresar a mi niñez y recordé tanto las palabras que ella me repitió tantas veces. El informe traía como título:
No importa tu religión
En el intervalo de una mesa redonda sobre religión y paz entre los pueblos, un teólogo le preguntó al Dalí Lama cuál era la mejor religión que existía. El pequeño hombre hizo una pausa y respondió: “La mejor religión es la que te aproxima más a Dios, al infinito. Es aquella que te hace mejor”. El teólogo entonces le preguntó: ¿Qué es lo que me hace mejor? Y el Dalí Lama respondió: Aquello que te hace más comprensivo, más sensible, más desapegado, más amoroso, más humanitario, más responsable, más ético… la religión que consiga hacer eso de ti, es la mejor religión. Ese teólogo, era el brasileño Leonardo Boff y quedó tan maravillado con esa irrefutable respuesta, que decidió enviar a todo el mundo, el siguiente mensaje: No me interesa amigo tu religión, o si tienes o no tienes religión. Lo que realmente me importa, es tu conducta delante de tus semejantes, de tu familia, de tu trabajo, de tu comunidad… del mundo entero. Recordemos que el universo es el eco de nuestras acciones y nuestros pensamientos. La ley de acción y reacción no es exclusiva de la física. Es también de las relaciones humanas. Si yo actúo con el bien, recibiré el bien. Si actúo con el mal… recibiré el mal. Aquello que nuestros abuelos nos dijeron es la más pura verdad. Tendrás siempre el doble de aquello que desees a otros. Ser feliz no es cuestión de destino. Es cuestión de elección.
Por ello:
Cuida tus pensamientos porque se volverán palabras.
Cuida tus palabras porque se volverán actos.
Cuida tus actos porque se harán una costumbre.
Cuida tus costumbres porque forjarán tu carácter
Cuida tu carácter porque formará tu destino.
Y tu destino… será tu vida.
No hay religión más elevada… ¡Que la verdad!
Después de leer esta expresión tan hermosa, recordé las palabras de mi madre, que por ser analfabeta, no tenía idea de física, de ley de atracción y reacción… pero sabía bastante sobre las relaciones humanas. Y aunque muchos no me crean, no me pesa decir que era analfabeta. La vida le negó el hecho de poder ir a la escuela para educarse, pero Dios la dotó con una sabiduría única, la que supo transmitir a todos los que estaban a su lado ¿Cómo sabía mi querida madre que a Dios no le importaba la religión que profesáramos? Hoy me doy cuenta, que con la simple explicación que me brindó treinta y cinco años atrás, me estaba dando la teoría de un gran teólogo: ‘ Aprende a ser un mejor ser humano cada día’ sin importar la religión que profeses. ¿Entienden ahora porque yo digo que mi madre era una sabia analfabeta?