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Edición Nº 37
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¿Cómo se cura un alma herida?

Por Paula Pierantoni

Cuando cocinando nos quemamos sin querer la mano, nos ponemos inmediatamente una pomadita para quitarnos el ardor. De igual modo, si nos cortamos con un cuchillo, o nos raspamos una rodilla con una caída de la bicicleta. Las pomadas siempre están al alcance de la mano, para que podamos aliviarnos los dolores. Muchas veces pasamos por experiencias con las cuales algún interlocutor nos hiere el alma con sus palabras o acciones e increíblemente, no hay pomaditas para curar un alma herida. Los especialistas aseguran que para liberarse del sufrimiento del alma hay que recurrir al perdón y muchas personas se niegan a perdonar porque creen que hacerlo, es un modo de olvidar la mala acción que la otra parte cometió. Es muy importante entender la diferencia: perdonar no es lo mismo que justificar u olvidar. El perdón es la repuesta moral de una persona a la injusticia que otra ha cometido contra ella. Una persona puede perdonar pero no reconciliarse. Se perdona ‘al que ofendió’, para beneficio propio, porque el perdón es sinónimo de liberación y opera cambios en el corazón. A través de la vía del perdón se le puede poner fin al ciclo del dolor y al dejar de cargar ese sufrimiento, nos liberamos y cerramos el círculo, ya que no repetimos a otros, lo que nos hicieron a nosotros. Es importante recordar que, cuando perdonamos, no aceptamos, ni justificamos ni borramos ni olvidamos el mal que nos han hecho. Cuando una persona perdona, no significa que le quita la responsabilidad al ofensor por el daño que ha hecho. Significa que está dando uno de los primeros pasos para curar las heridas del alma. Los casos típicos en estos tópicos, suelen ser con mujeres que han sido maltratadas física y emocionalmente durante mucho tiempo, porque sienten ira contra ellas mismas por todo lo que permitieron que sucediera en sus vidas. Por esa razón, a la primera persona que tienen ‘ellas’ que perdonar… es a ‘ellas mismas’. Después, vendrá el análisis para perdonar al ofensor. Nada justifica los malos tratos, pero éstos generalmente los hace el agresor que tiene un sinfín de conflictos no resueltos y por eso hace lo que hace. La terapia es indispensable para ayudar a mejorar la vida de la agredida y del ofensor ya que existen rabias o iras internas, que no benefician al ser humano en nada. A veces estos sentimientos están tan escondidos dentro de las personas que ni ellos saben lo que tienen ni porque hacen lo que hacen. Los psicólogos aconsejan que las personas traten de confrontar la rabia interna que tienen, la vergüenza, o la herida, que busquen dentro de ellos el origen, porque existen individuos que llevan años deprimidos y no lo saben hasta que descubren la causa. Hay que reconocer donde está la herida y que la causó. Ningún ser humano se parece a otro y a veces lo que no se aprendió de niño es difícil empezar a practicarlo de adulto, pero hay personas por ejemplo, que jamás piden perdón. Aunque saben que están equivocados, que han hecho algo que estaba mal. Prefieren perderlo todo, antes que pedir perdón… y así viven. Las personas que deseen curar las heridas del alma, tienen que perdonar lo que les han hecho, recordando siempre, que no están olvidando ni disculpando la ofensa recibida. Es solamente para ayudarse a sí mismo… es como empezar a sanar la lastimadura poniendo una pomadita… una curita… hasta que con el tiempo, el alma ya no tenga heridas… y quede completamente curada.

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