¿Conocimiento adquirido o pecado concebido? ¡Gracias Eva!

Por Juan Luna
El arroyo cantaba su eterna canción de agua y se entretenía dirigiendo los reflejos del sol en su mojada piel, sobre los ojos de los visitantes que se reflejaban en sus riveras. Había árboles de diferentes clases de frutos, el pasto era alto y con la temperatura cálida, la comida abundaba siempre para todos. Así que, la vida, era muy fácil… todo era paz y serenidad en el Paraíso del Edén y su Creador, se regocijaba viendo a sus criaturas que sin maldad alguna, deambulaban por los alrededores. Algunos en cuatro patas, otros volaban, otros nadaban, los había que reptaban por el suelo… y también, las que se movían en dos patas. Tenían la libertad de hacer cualquier cosa… menos… de comer el fruto de cierto árbol que había allí. Esa era solo la única prohibición que tenían los habitantes del Edén. La prohibición “que todos tenían”, ya que todos eran iguales. Eran simplemente eso: ¡Animales en el Jardín del Edén! Pero… ¡Siempre hay un pero! Hubo un grupo (¿Podría haber sido otro?) que no obedeció y se sirvieron del fruto prohibido. La historia nos cuenta, que fue una hambrienta la que se sirvió del goloso manjar… y… ¡Gracias a Dios! Si, gracias a Dios, que ella le hizo probar a su compañero. El intenso sabor los mantuvo absortos un momento, disfrutando de algo tan delicioso. Cuando Adán, ‘el macho’, levantó su mirada para comentarle a Eva algo sobre la nueva experiencia, quedó sorprendido al ver la desnudez de sus cuerpos… y corrieron a cubrirse con hojas, ocultándose ambos llenos de vergüenza y temerosos por no haber obedecido. Ahora… analicemos: ¿Cómo podemos explicarnos que antes de comer la manzana, ninguno de ellos había notado que estaban desnudos? ¿Eran ciegos o ignorantes? Verdaderamente es lo mismo, ya que cuando ignoramos algo… ‘no sabemos algo’… no podemos identificar ‘ese algo’ aunque lo tengamos en frente de nuestros ojos. Por ello, al no obedecer se dieron cuenta de que estaban desnudos. Es decir, despertaron al conocimiento… dejaron de ser animales. Entonces cabe reconocer que, aunque decimos que Eva era la culpable del pecado original, también tenemos que reconocer que “Gracias a Eva” podemos tener la capacidad de entender y el conocimiento adquirido es justamente lo que nos diferencia de los animales. Con este análisis, podemos decir entonces, gracias a Eva, porque no tan solo a través del cuerpo de la mujer se formó nuestro cuerpo, sino que gracias a ella que eligió desobedecer, todos adquirimos el conocimiento… el razonamiento. Por eso, no entiendo la razón por la cual, se habla a veces tan mal de las mujeres, ya que los hombres somos el producto directo de ellas y no tan sólo eso, sino que en su vientre ‘incubarán’ a nuestros hijos. Y aquí, radica el gran problema social que tenemos que vivir diariamente. Una mujer que lleva en el vientre un hijo nuestro (que los hombres lo engendramos con mucho placer y allí se terminó lo que pusimos de nuestra parte) deberá cargar con esa criatura, con los dolores y molestias típicos que ocasiona el embarazo y aparte de eso, muchas tienen que soportar un marido que las maltrata, que las golpea, que las insulta, que no les brindan una palabra de amor, de cariño… una Eva incomprendida, sufrida, con una autoestima baja porque su pareja solo le hace ver ‘que ella no sirve para nada’… tendrá ese niño en su vientre… y ese feto comenzará a saber que va a llegar a un mundo cruel, donde no hay amor, donde no hay felicidad. Solo gritos, golpes y maltratos y muchos de esos bebes, reciben sus primeras palizas cuando están dentro del vientre de sus mamas. En vez de maltratar a las mujeres, deberíamos empezar a agradecerle a Eva, haber sido tan curiosa, porque se sacrificó y prefirió que desde el comienzo del catolicísimo la declararan culpable para el resto de la vida, cuando en realidad lo que hizo fue abrirnos los ojos a la vida, al conocimiento. Ya Dios tenía en su perfecto plan, que los hombres conocieran sus cuerpos porque a través de las relaciones sexuales, podría desarrollarse y poblar el mundo. Los primeros fueron Caín y Abel así que, una vez más: Gracias Eva por darnos la oportunidad de poder ser lo que hoy somos, porque nos damos cuenta que en vez de tildar tu sacrificio como ‘pecado concebido… te agradecemos el conocimiento que por ti, adquirimos’.