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Edición Nº 36
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La Violencia un Problema Social

El abuso sexual, es un acto
violento e inolvidable

Por Veronica Chacon

“Cuando mi padre se iba de viaje… mi madre me
tiraba “a la jaula de los leones”…

Siempre nos preguntamos porque razón la gente es tan violenta. Vemos personas que comienzan a platicar y a los pocos minutos ya están gritando por cualquier situación. Se vuelven irritables, pierden la paciencia y en un dos por tres, cometen actos de los cuales luego se arrepienten por el resto de sus vidas. Muchos llevan la violencia en la sangre porque desde pequeños en sus hogares, sufrieron de maltrato por parte de sus progenitores. El abuso infantil puede ser físico, verbal, o sexual. Hoy me voy a enfocar en este último. Algunas personas, llegan a la edad adulta, sin poder superar sus traumas y con el paso de los años viven todavía la vida de una manera insegura y no pueden desenvolverse correctamente dentro de la sociedad. Algunas mujeres específicamente, piensan que a veces merecen ser reprimidas por sus parejas porque desde niñas les enseñaron eso en sus hogares. Algunas luego de ser sometidas a terapia psicológica, terminan descubriendo por ejemplo, que padecieron por años de abuso sexual. Un caso que nos llamó mucho la atención, fue el de una joven mujer, independiente, trabajadora y muy bonita. Nora iniciaba una relación y al poco tiempo la misma se terminaba sin razones aparentes. Sus dos mejores amigas, se prometieron averiguar qué pasaba con ella… o que secreto escondía. Cuando apareció con un nuevo novio, María y Leonor platicaron a solas con el muchacho y le pidieron que les ayudara a encontrar a ellas el verdadero problema de Nora, porque ellas sabían que era una buena mujer pero por alguna razón, sus relaciones de pareja no duraban más de dos o tres meses. Ricardo, quien se había enamorado profundamente de Nora, les explicó que era un poco difícil revelarles lo que ocurría, pero como el también quería ayudarla, porque no quería perderla, les confesó que al llegar el momento de la intimidad, durante el momento de caricias, besos y todo lo demás, las cosas estaban bien, pero cuando ambos estaban listos (o al menos eso era lo que él creía) algo pasaba porque Nora lo empujaba y no lograban concretar nada. Inmediatamente, sus amigas entendieron que existía algo en el pasado de Nora y aunque trataron de averiguar por todos los medios sin preguntarle a ella nada, ni su familia, ni sus hermanos ni su madre, pudieron ayudar a María y Leonor. Estas dos mujeres tan valientes, fueron donde un psicólogo para que las aconsejara, quien les dijo que definitivamente algo le ocurrió en su infancia y que debía estar relacionado con abuso infantil. Al ir indagando decidieron como quien dice, tomar al toro por las astas y hablaron directamente con ella. Le explicaron que deseaban ayudarla y que si ella tenía un secreto se atreviera a confesarlo porque si lo sacaba afuera sería beneficioso para ella porque le ayudaría a superar el conflicto que no la dejaba avanzar en la vida. Nora comenzó a llorar, se arrinconó en un lugar del sofá y se puso en posición fetal. Comenzó a llorar y llorar hasta que finalmente pudo hablar. Temblorosa y con el alma en un hilo dijo: en mi casa éramos seis hermanos varones y yo era la única niña. Fui la última y como mi papá ya tenía tantos varones y esperaba ansiosamente una hija mujer, se sintió extremadamente feliz de poder tener ‘una princesita en la casa’ y me trataba todo el tiempo como tal. Mi madre, empezó a sentir celos de mí, porque mi papá me adoraba y decía que yo era la luz de sus ojos y me consentía en todo. Mi padre trabajaba en los ferrocarriles y entonces se ausentaba de casa por una o dos semanas. Mi mamá, para desquitarse de los desprecios y desaires que él le hacía, esperaba que se fuera de viaje y me ‘tiraba a la jaula de los leones’. Mis hermanos eran muchachos jóvenes que querían experimentar con el sexo y mi mamá dejaba que todos ellos me violaran diariamente. Todos los días uno de ellos quería hacer algo conmigo. Mi papá nunca lo supo. Jamás lo sospechó siquiera. A mí me tenían muy amenazada para que no revelara lo que verdaderamente ocurría en mi casa. Por eso soy violenta y por eso no puedo tener novio. Porque yo misma lo rechazo y sé que haga lo que haga, el tormento que me toco padecer en mi pasado me persigue aunque yo no quiera que así sea. Lamentablemente, este tipo de casos donde el abuso es continuo y por mucho tiempo, es difícil de superar. Nora continúa aún en terapia y aunque ha mejorado bastante, no ha superado el problema totalmente. A todos los padres les doy el mismo consejo: aprendan de casos como estos, para sospechar ante cualquier signo, porque después las víctimas quedan con frustraciones insuperables.

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