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Edición Nº 36
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La Familia... Algo más que Costumbres

¿Qué ejemplo les estamos dejando a nuestros hijos y hacia donde se orienta la humanidad?

Por Doctor Fabrizzio Cunietti

Primeramente, quiero felicitar a la periodista y escritora Sra. Mercedes Luna, por todos los premios obtenidos recientemente, destacando fundamentalmente su vasta trayectoria y preocupación constante por los problemas que afectan a la comunidad hispana, que la han transformado a lo largo de los años, en un verdadero icono latinoamericano. En segundo lugar, quiero serles sincero y comentarles que para esta edición tenía otro tema preparado, pero a raíz del ejercicio de mi profesión, la semana pasada tuve que visualizar determinadas realidades sociales, que me sirvieron para reflexionar sobre la pérdida de ciertos valores morales habitualmente destacados en este espacio y que me gustaría compartir con ustedes. Todo comenzó, cuando hace unos días atrás, asistió a mi estudio un angustiado padre, cuya pretensión era iniciar un régimen de visitas para poder ver más asiduamente a sus hijos. De inmediato le propuse que conjuntamente, podríamos ofrecer regularizar la carencia que existía en los hechos, sobre la entrega de una pensión alimenticia, que como todos saben, es la obligación legal y moral, que tiene todo padre de servir a sus hijos. Mayor fue mi sorpresa, cuando ese progenitor, que parecía tan responsable y preocupado por mantener vigentes los lazos familiares, se negó rotundamente a mi sugerencia expresándome además, que inclusive había renunciado a un trabajo formal, para no tener que pasarles nada de dinero. En ese momento me cuestioné, que sentimientos antagónicos pueden converger en un ser humano, para por un lado, estar preocupado por mantener un contacto fluido con sus hijos y por otro, desentenderse de las necesidades básicas de los mismos, como ser, alimentación, ropa, calzado, vivienda, salud, educación, etc. Indudablemente su conducta, no estaba determinada por valores como la responsabilidad, el deber, la justicia, la lealtad, la caridad, la generosidad, la bondad y la honestidad, en cambio, parecería más emparentada con el egoísmo, el individualismo, y la falta de madurez suficiente para distinguir, que ese rencor que eventualmente pudiera tener con respecto a la madre de los niños, no es motivo suficiente para provocar el desamparo de sus propios hijos. Asimismo, al día siguiente, comparece una madre con la finalidad de asesorarse sobre el procedimiento que se debe seguir, para obtener una pensión alimenticia en beneficio de su hija menor. Para consumar mi indignación, al preguntarle sobre los datos personales del padre de la niña, me contestó que si bien no estaba reconocida, ella pensaba que el “presunto” padre podría ser… por lo tanto, imagínense mi desconsuelo, cuando tengo que enfrentarme a una señora, que ni siquiera tiene la certeza de saber quién es el padre de su hija. ¿Como es posible que casi sin darnos cuenta, se hayan ido perdido valores esenciales, que al menos nos servían para diferenciarnos mínimamente de los animales, máxime, cuando sus consecuencias repercuten tan negativamente, en la vida de nuestros seres más queridos? Teniendo en cuenta, que los padres somos el modelo a seguir de nuestros hijos, convendría preguntarse ¿Qué ejemplo les estamos dejando y hacia donde se orienta la humanidad? Es evidente que la pérdida de valores, está directamente vinculada con una menor conciencia colectiva del individuo, acompañada por la insensatez de sus actos y una irreflexión preocupante sobre la vida. Estamos ante una comunidad tristemente fragmentada, donde se van tejiendo una cantidad de diversas subculturas, aceptadas genéricamente en todas las clases sociales y que, desde mi humilde opinión, tenemos la obligación de intentar cambiar, para de esta manera, proporcionarles a nuestros hijos, un mundo mejor. En este sentido, en nuestras próximas entregas intentaremos desarrollar estos temas con mayor profundidad, teniendo presente como decía la Madre Teresa: “que nuestro trabajo no es más que una gota en medio del océano, pero si faltara esa gota, creo que el océano la echaría de menos”.

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