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Edición Nº 36
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Criticas Constructivas

La higiene debe ser prioridad número uno en los restaurantes

Por Paula Pierantoni

Mi amiga y yo habíamos decidido ir de compras a un centro comercial y al finalizar, queríamos almorzar en un restaurante muy conocido de la zona. Hicimos lo planeado y al llegar al lugar destinado para tomar nuestro almuerzo, un mozo muy bien puesto nos llevó hasta la mesa. Una vez instaladas, me puse a leer el menú porque quería comer algo bien rico y para eso, estaba dispuesta a tomarme mi tiempo. A todo esto, mi amiga Ana se dirigió al baño. Cuando regresó me dijo: alguien estuvo pasando el mapo en el baño pero olvidaron secarlo y el piso está lleno de jabón. Por poco me caigo. Ya le avisé a uno de los mozos para que envíen a alguien para que se encargue de solucionar el problema. Mientras tanto, yo decidí continuar leyendo el menú. Afortunadamente, estaba sentada desde un lugar, donde pude ver cuando un señor mandó a uno de los mozos a terminar de limpiar el baño. El joven, que estaba atendiendo a un par de muchachitos, inmediatamente cargó el balde y el mapo, se dirigió al sanitario, lo limpió, salió y se dirigió hacia otro cuarto donde dejó los elementos con los cuales había aseado el baño y ‘sin lavarse las manos’, continuó sirviendo las mesas. Créanme que busqué hacia los lados a ver si había una cámara sorpresa gastándonos una broma, pero era algo tan real como mi nombre. Lo que más me molestó, fue ver que con la toalla que traen los mozos colgando a la altura del pantalón y les cae hacia la pantorrilla, se secó las manos (sin mencionar que con ese atuendo entró a limpiar el baño) No quise ni pensar en la cantidad de gérmenes que cargaría en ‘ese famoso trapito’ con el cual secan desde la mesa, las manos y todos los mil usos que les pueden dar. Le informé a mi amiga lo que acababa de presenciar y afortunadamente aceptó de muy buena gana que nos retirásemos del lugar. Al salir, el encargado nos miró con un signo de pregunta en su rostro a lo que le dije inmediatamente: Disculpe señor, pero la misma persona que limpia el baño atiende las mesas. Nosotras no queremos salir de aquí y terminar en el hospital. Fuimos entonces a otro restaurante y el mozo cumplía su función de mozo, el lavaplatos su función de lavaplatos y eso era algo que se notaba desde la misma entrada. Tenemos que aprender a hacernos respetar como las personas limpias que somos y hacerles entender a los dueños de restaurantes que con dinero podemos elegir el mejor servicio. No nos expongamos a ir a un lugar a comer y llegar enfermos a casa, porque nos hemos intoxicado con la comida. La recesión económica, ha hecho que muchos dueños de restaurantes, recorten personal y en los momentos en que los muchachos están libres, los mandan a desempeñarse en otras funciones para ahorrar sueldos… aunque a nosotros nos cobran por un buen servicio. A todos los padres les recomiendo que miren muy bien el ‘lugar donde guardan las sillas altas’ para los niños pequeños. En un restaurante las dejaban en el baño de los hombres y me enteré porque mi esposo llegó horrorizado a decirme de ‘donde traían las sillas para los niños’. En algunos lugares las guardan hasta que el cliente solicita ese servicio y entre una cosa y otra no sabemos dónde estamos sentando a las criaturas. Es bueno conocer todos estos pormenores, porque de esa manera podremos protegernos mejor, ya que al parecer a poca gente le importa lo que pase con la salud de los demás. Aprendamos a hacer críticas constructivas para poder de ese modo, salvaguardar la salud de nuestros hijos y también la nuestra.

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