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Edición Nº 32
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Recetas para quitarle Arrugas al Alma

El mendigo sabio…

Por Liliana Lopez

Lo que hoy les traigo, es un cuento corto pero con mucho sentimiento. Fue escrito por Jorge Bucay, deberían leerlo todas esas personas a las cuales ‘se les suben los humos a la cabeza’. Espero que les sirva de reflexión.

Latif era el pordiosero más pobre de la aldea. Cada noche dormía en el zaguán de una casa diferente, frente a la plaza central del pueblo. Cada día se recostaba debajo de un árbol distinto, con la mano extendida y la mirada pendiente en sus pensamientos. Cada tarde comía de la limosna que otros le daban. Sin embargo, a pesar de su aspecto, Latif era considerado por todos, el hombre más sabio del pueblo, quizás no tanto por su inteligencia, sino por todo aquello que había vivido. Una mañana soleada, el rey en persona apreció por la plaza. Caminó entre los puestos sin buscar nada en específico. Se rió de los mercaderes y comparadores y casi tropezó con Latif que dormitaba a la sombra de una encina. Alguien le contó al rey que estaba frente a uno de los más pobres de sus súbditos, pero también frente al más sabio, pero también frente al hombre más respetado por sus conocimientos y sabiduría. El rey, divertido, se acercó al mendigo y le dijo: Si me contestas una pregunta te daré una moneda de oro. Latif lo miró y le respondió: Puedes quedarte con tu moneda. ¿Cuál es la pregunta? El rey le hizo entonces una pregunta que hacía días lo angustiaba, porque no podía resolver un problema de bienes y recursos y sus analistas no habían encontrado una solución. La respuesta de Latif fue justa y creativa. El rey sorprendido, dejó la moneda junto al mendigo y siguió su paseo por el mercado, pero meditando sobre lo sucedido. Al siguiente día, el rey volvió a aparecer por el mercado, ya no paseaba sin sentido, sino que fue directo a donde estaba Latif descansando, esta vez a la sombra de un olivo. Otra vez el rey hizo una pregunta y otra vez Latif respondió sabiamente. Entonces el soberano se sentó junto a Latif y dijo: “Te necesito”. Estoy agobiado por las decisiones que como rey debo tomar, no quiero perjudicar a mi pueblo ni ser un mal soberano. Te pido que vengas al palacio y seas mi asesor. Te prometo que no te faltará nada, serás respetado y podrás partir cuando quieras. Por compasión, por servicio o por sorpresa, el caso es que Latif aceptó la propuesta. Esa misma tarde, llegó al palacio donde le fue asignado un lujoso cuarto con todas las comodidades y a escasos doscientos metros de la alcoba real. Durante las siguientes semanas, las consultas del rey se hicieron habituales, todos los días, mañana y tarde, el monarca mandaba llamar a su nuevo asesor para consultarle sobre sus problemas con el reino, o su propia vida o sus dudas espirituales. El recién llegado se transformó en el favorito del rey y a los tres meses de su estancia ya no había medida, decisión, o fallo, que el monarca no consultara con su preciado asesor. Esto desencadenó los celos de todos los cortesanos que veían en el mendigo, una amenaza para su propia influencia y un perjuicio para sus intereses materiales. Un día, los otros asesores pidieron una audición con el rey y le dijeron: Tu amigo Latif está conspirando para derrocarte. No puede ser afirmó el rey. Puedes confirmarlo con tus propios ojos, ya que cada tarde, a eso de las cinco, Latif se escabulle de palacio y se va hacia el sur y se reúne con alguien en un cuartucho pero no sabemos con quien. Le hemos preguntado a donde se va, pero nos responde con evasivas. El rey, se sintió defraudado y dolido entonces se dirigió a confirmar las versiones. Esa tarde a eso de las cinco, esperó escondido junto a un espacio de la escalera y desde allí vio al mendigo mirar hacia los lados y con la llave que colgaba de su cuello, abrir la puerta y entrar a un cuartucho. El rey, seguido de su guardia personal, golpeó la puerta y el hombre abrió. No había nadie allí, solo un viejo plato de madera, un palo de caminante y una túnica gastada colgando de un gancho. El rey le preguntó: ¿estás conspirando contra mí? ¡Como se le ocurre majestad! ¿Entonces que vienes ha hacer aquí? Y Latif respondió: Hace solo seis meses que llegué a este lugar y solo tenía esta túnica, este palo y este plato de madera. Ahora que visto tan bien, que como lo que me place, que duermo en una cama tan cómoda y me siento tan alagado de estar a su lado, vengo cada día para estar seguro de no olvidarme de QUIEN SOY Y DE DONDE VENGO. Porque nunca debemos olvidar quienes somos y de donde venimos porque la vida, da muchas vueltas y podemos regresar siempre… al mismo lugar de donde salimos.

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