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Edición Nº 26
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¡Este ha sido el año de Colombia!

Desde Nuestra Redaccion

Mi amigo Daniel (fotógrafo colombiano) me pidió que escribiera algo sobre la liberación de Ingrid Betancourt, mientras me elogiaba a esta mujer por la valentía con la cual ella había pasado esos años de cautiverio en la selva colombiana. Y por otra parte, mi otro amigo, Mario, historiador y analista político, que tiene amplios conocimientos sobre todo lo ocurrido entre las FARC, el pueblo y el gobierno colombiano, me envió una carta que fue escrita por un ciudadano común y corriente dirigida a Ingrid Betancourt. Con esto, saqué en conclusión, que mientras algunos admiran a esta mujer, otros la critican por la manera en que ella se ha comportado después de su liberación.

La carta que me envió Mario y fue escrita por ese ciudadano colombiano dice: Señora Betancourt, me dirijo a usted para decirle que si, que nos alegramos por su rescate… vimos conmovidos a su señora madre rodilla en tierra rezando y dando gracias a Dios por su libertad. Vale, se le acepta y se le felicita... de corazón.... Lo que no le acepto ni a usted ni a su familia son esas ínfulas de europeos, producto del fortuito matrimonio suyo con su ex señor francés, de no ser por eso, usted sería una colombiana más, igual a la señora madre del Capitán Guevara... si, la madre de ese mismo mártir de nuestra patria que se murió secuestrado en la selva, condenado por cumplir con su deber; esa noble señora a la que le toca subirse a un bus urbano exponiéndose a que la apuñalen por robarle el marco de la fotografía de su hijo muerto… Sabemos que usted era secuestrada estrato 6, no producto de su importancia política, que con los meses fue decayendo, usted era una secuestrada estrato 6 gracias a Francia y gracias a su señora madre. Francia no le salvó la vida, usted fue salvada por un pequeño grupo de ‘patirrajados’, algunos de ellos que juraron dar su vida al ejercito o a la policía de Colombia, dar la vida, no por usted, por todos nosotros, esos héroes anónimos, los que la acompañaron y apoyaron durante su secuestro y los de la inteligencia militar, si señora, esos que en algún momento juraron ante Dios y la Patria defender las instituciones y a Colombia con su propia vida si fuera necesario y que además lo cumplieron. Mire señora Betancourt, su mamá en medio de su desespero, maltrató a este país al decir que esperaba más de las FARC que de su patria.

Esa señora que se dedicó, apalancada en su doble nacionalidad, a dejar por el piso europeo el buen nombre de Colombia, esa señora adinerada y de la alta sociedad quien siempre culpó al gobierno de su secuestro, no señora, a usted no la secuestró el gobierno como creen los cocainómanos europeos, la secuestraron sus proveedores de coca, los terroristas de las FARC. Si señora, Uribe no merece las disculpas de su ‘mamita querida’, las merecemos los colombianos que de una u otra manera trabajamos todos los días para que este país no se hunda más de donde la gente de su clase económica y social lo han hundido...Y no, no soy de izquierda ni mucho menos, soy uno más, uno que se levanta enfermo a trabajar duro para poder pagar los servicios públicos y el colegio de su hija, un colombiano que conoce los Campos Eliseo gracias a las transmisiones gratuitas de televisión del Tour de Francia, un colombiano que debe ahorrar todo un año para poder pasar tres días en un Hotel pequeño en Cartagena, no un colombiano, que como su familia, se mantienen en hoteles 5 estrellas y apartamentos elegantes fuera del país.

Escuchar hablar a su hermana y a sus hijos de justicia social en Colombia, desde una costosa heladería a orillas del Río Sena, recién ‘apeados’ de los 200 caballos de potencia de un lujoso Citroen no es creíble. Le repito, me alegra que haya salido de ese secuestro, la libertad es un derecho de todos, no solo de las familias con apellidos y dinero como la suya, pero a un ex soldado como yo le duele mucho ver como usted que proclama la libertad y la igualdad se sube a un lujoso avión, cruza el Atlántico y desde el blindaje de los micrófonos en Europa empieza a decir que se va a quedar allá por seguridad, mientras los verdaderos héroes de esta patria, llegan después del secuestro a sus casas de interés social y a medio terminar, intentando recuperar sus familias, a sus amigos.

La reto a que hable de igualdad social y política aquí, en su patria (que al parecer no lo es tanto) esa que, según sus palabras no la salvó del secuestro, porque según usted fue Francia, cuando ni siquiera sabían de la operación Jaque, hable aquí en esta patria que se debate entre la vida y la muerte y que llora la muerte infame del capitán Guevara, de lo contrario, no venga, quédese en la seguridad de sus apartamentos lujosos en Europa y láncese a la política allá, hágale competencia a Sarkozy y espero verla algún día como presidenta del parlamento europeo, hasta presidenta de Francia, pero no cuente con los colombianos ‘de a pie’, que nosotros estamos aquí trabajando muy duro por este país, no señora no se vaya a confundir, yo detesto a las FARC a los paramilitares y a los corruptos por igual, esos terroristas que nos han hecho daño. Respeto profundamente las instituciones en Colombia, a pesar de los problemas de corrupción, producto de gente tanto o más ambiciosa que su familia, que le rezaron al que fuese con tal de obtener sus objetivos. No venga a nuestra marcha señora Betancourt, tranquilamente quédese allá, aquí marcharemos con el alma a flote pidiendo por la libertad de los otros secuestrados, los colombianos de a pie, esos que juraron defender la patria y en cumplimiento de su deber han dado su vida en la selva para que nosotros podamos ver televisión... nuestra marcha necesita valor, esperanza y fuerza.

Tranquila señora, descanse que bien merecido lo tiene, quédese por allá cuidando a su señora madre, quien la necesita más que nosotros... Cuando por teléfono le leí esta carta a Daniel, no pudo menos que darle a la misiva un merecido crédito. Le expliqué que era difícil para todos opinar sobre este tema y en mi caso particular, afortunadamente yo nunca fui secuestrada, pero he escuchado demasiadas historias relatadas por las víctimas y puedo imaginar lo traumático que debe ser, tener que atravesar por una situación de esa naturaleza, más aún siendo mujer en manos de tantos hombres. Entiendo el dolor de muchos colombianos ante la manera en que ha reaccionado la señora Betancourt, pero creo que la experiencia debe haber sido tan mala, que tal vez no quiere correr el más mínimo riesgo. Además, creo que se va a tomar un tiempo de descanso, para escribir un libro donde relatará los pormenores del secuestro y su vida en cautiverio. Por otra parte, también entiendo el dolor de aquellos que no logran todavía tener a sus seres queridos con ellos, porque continúan privados de su libertad; como también a las fuerzas del orden, que después de hacer un operativo increíble con el cual liberaron a esas personas, Ingrid Betancourt y su familia, no les han agradecido lo suficiente a todos los que participaron en su rescate.

Pero quien se vuelve a llevar la corona de laureles en su cabeza, es el pueblo colombiano que trabaja todos los días para poner en alto el nombre de Colombia y de los colombianos y comparten esa corona con Álvaro Uribe que en un operativo sin precedentes, una vez más y sin derramamiento de sangre, el y su equipo de trabajo, logran darle un golpe muy bajo a las FARC. Pienso que este ha sido el año de los colombianos, porque han visto cambios muy importantes en el país y han demostrado al mundo entero que son un pueblo de paz, que le dicen no a la violencia y le dicen también no… a las FARC.

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