
¡Cuidado con aquellos que aparentan ser muy pacíficos y calmaditos!
Por Paula Pierantoni
Empezarán a acosarlo, a molestarlo de mil maneras distintas para ‘obligar al otro’ a no olvidar la relación que tuvieron…
La violencia no significa solamente causar daño físico a otra persona. La violencia, se encuentra en todos los estratos y campos sociales y puede llegar a manifestarse de diferentes maneras.
Hay personas que aparentan ser muy pacíficas, pero utilizan drogas o beben un poco de alcohol y liberan al león que llevan dentro tornándose violentos. En el fondo de sus corazones, este tipo de personas saben que no tienen la suficiente capacidad para enfrentar los problemas y recurren a la bebida para desinhibir sus intenciones y obtener el valor que les falta. Al día siguiente vuelven a ser las mansas palomitas que ‘hacen creer a los demás que ellos son’.
Quienes tienen problemas y no son capaces de resolverlos, van acumulando tensiones y cuando les ocurre la más mínima cosa, lo interpretan como un daño y con eso, acumulan resentimientos que se convierten en odio, violencia u hostilidad hacia otros a quienes culparán luego de sus males. Quienes atraviesan este tipo de experiencias, solo necesitan un ambiente emocional estresante, estar en las gradas de una cancha de fútbol, o en una pelea de boxeo o lucha libre, para sentirse “motivado” y empezar a agredir verbal o físicamente a otras personas y manifestar la violencia que sienten.
Cuando las personas tienen algún tipo de problema que no saben resolver, canalizan mal sus energías y empiezan a experimentar una insatisfacción y un vacío que tratan de llenar de una manera equivocada. Muchas veces quieren agredir físicamente a las personas y si no pueden hacerlo recurren a otro tipo de métodos. Supongamos el caso de un hombre y una mujer que por la razón que sea, cortan relaciones de tipo sentimental o laboral. Uno de ellos no resiste que el abandono del otro, la pérdida de lo que tenía (recordemos que nadie sabe lo que tiene a su lado hasta que lo pierde) y empieza a acosarlo, a molestarlo de mil maneras distintas para ‘obligar al otro’ a no olvidar la relación que tuvieron. Esas son personas que no saben ‘desprenderse’ de lo que les pasó y sufren por la incapacidad que tienen para encarar los problemas de frente y ‘culpan a otros’ por los males que padecen. Suelen atacar al inocente, al ‘no culpable’ de dañar la relación y harán todo lo posible para molestar a esa persona.
Algunos se tornan violentos pero hay otros, que juegan el papel de víctimas. Hablan con los demás, hacen intervenir a terceros tales como hermanos, padres, amigos, personas con las cuales trabajan, llorando y explicando ‘lo buenos que ellos fueron’ y ‘lo mal que les pagaron’. La mayoría de las veces y muy dentro de ellos, estas personas saben, que son los únicos culpables de lo que ocurrió y son además, los responsables de la separación sentimental o laboral de la cual hablábamos. Pero aquí en donde entra en juego la personalidad de esa clase de gente, que ‘aparentando’ no ser violentos, tratan de dañar a los demás de la única forma que saben hacerlo: difamando, desprestigiando y ventilando en público, algo que tendría que ser privado. Pero no se dan cuenta que los únicos que pierden en definitiva, son ellos, porque nunca avanzan, se quedan relegados en la mediocridad en la que viven, pierden su propio prestigio y los demás terminan por no creerles.
Para empezar a controlar la violencia, es menester tener una actitud constructiva y una conducta tranquila y entender que enojarse, gritar, tirar trompadas y patadas, no solucionan los problemas, no sirve para nada y solo empeora las cosas. La mejor manera es comenzar a aceptar la responsabilidad correspondiente, reconocer que son los culpables de haber provocado la situación y buscar ayuda profesional.