Un diminuto y pequeñito puntito azul.

Esto que les mostraré, también les servirá para cuando como humanos que son, se crean poderosos y grandes… se crean esa clase de personas dueñas de la creación…
Por Julián Ordóñez
En esta edición dedicada al amor, quiero compartir con los lectores, algo que me regaló un gran amigo hace unos días y quiero enseñarles “ese algo”, para cuando se sientan agobiados por la vida. Cuando sientan que sus problemas son enormes… y piensan que lo que hagan o dejen de hacer… supone una inmensa diferencia. Esto que les mostraré, también les servirá para cuando como humanos que son, se crean poderosos y grandes… se crean esa clase de personas dueñas de la creación y que están en el cénit del poder tecnológico y sientan que, con los seis mil millones de personas que ya somos… somos únicos en el universo.
Esto que les enseñaré, es algo para cuando crean que el inmenso mundo en el que viven es indestructible… con sus grandiosas ciudades, mares, cordilleras y continentes. Planeta invulnerable… inmune… por su tamaño y grandeza, a los actos que los humanos hagamos… o dejemos de hacer… después de todo… ¡Son quinientos cuarenta millones de kilómetros cuadrados de superficie! ¡Seis mil cuatrillones de toneladas de roca… y más de mil trillones de toneladas de agua!
Aquí tienes lo que te prometí mostrarte: Helo aquí. Mira por unos instantes la foto que sigue a continuación. Fue tomada por Cassini – Juygens, una nave espacial automática, en el año 2004, llegando a los anillos de Saturno.
Ese puntito diminuto y tan pequeñito que se ve a lo lejos, es nuestro planeta tierra y “en ese puntito azul… estamos todos”. Todas nuestras guerras, todos nuestros problemas, toda nuestra grandeza… y toda nuestra miseria. Toda nuestra tecnología, nuestro arte, nuestros logros… todas las civilizaciones, toda la fauna… y la flora. Todas las razas, todas las religiones. Todos los gobiernos, países y estados. Todo nuestro amor… y nuestro odio… seis mil millones de almas, en convulsión constante.
¿Da que pensar verdad?