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Edición Nº 20
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Historias para pensar


                                            
Por Verónica Chacón

Hace unos años pasé por una experiencia inolvidable, que la tome como una de las lecciones de amor más increíble que haya escuchado y presenciado en mi vida. No se trata de una parejita al estilo Romeo y Julieta, pero fue una de las pocas veces, que entendí lo que significaba el verdadero amor.

Mi mejor amigo me llamó a la madrugada porque me necesitaba a su lado. Cuando llegué a la casa de sus padres me enteré de los pormenores del caso. Su madre, que tenía 65 años, había fallecido. Fue algo repentino y aunque su esposo llamó de inmediato al 911, al llegar los paramédicos, ya era demasiado tarde.

Toda la familia estaba muy afligida por don Antonio. El señor miraba al vacío sin pronunciar palabra, negándose a creer que su esposa ya no estaría a su lado. Mantuvo su boca cerrada, como si hablar de cualquier cosa, le provocara un dolor inmenso. Solo nos limitamos a ver correr sus lágrimas por sus mejillas.

Después de los funerales y cuando todos estaban reunidos (y preocupados por el silencio de don Antonio) el anciano dijo: He soportado con valentía todas las dificultades que me presentó la vida. Pero pude hacerlo por que mi querida esposa estaba a mi lado para sostenerme. Muchas veces los amigos me preguntaban si no me aburría de estar siempre con la misma mujer y yo le respondía a ellos que no. No me aburría, porque nosotros vivíamos un amor verdadero y habíamos vivido juntos, tiempos buenos y malos.

Recuerdo cuando internamos de urgencia a nuestra hija mayor y como juntos rezamos en la capilla del hospital, para que sanara pronto. Ella enjugó mis lágrimas… y yo… las de ella. Compartimos juntos el primer diente, el primer golpe y la primera desilusión de amor de cada uno de nuestros hijos, como también la alegría de verlos graduarse a todos ellos. Nuestro amor era distinto al de muchas parejas, porque con los años había madurado. El amor no es hacer siempre lo que a uno le gusta, sino hacer sentir feliz a la persona que te alegra la vida. El amor verdadero no sabe de celos, mezquindades ni faltas de respeto. Es algo tan profundo que va más allá de las palabras.

Siempre estuve muy enamorado de ella y aunque el paso de los años había tocado su piel, yo amaba su alma. La amaba a ella por lo que éramos juntos y por todo lo que yo sentía, cuando estaba a su lado.

Mi amada esposa supo conquistarme siempre y yo puse todo mi empeño para que ella nunca dejara de amarme. Nos cuidábamos el uno al otro y no teníamos tiempo para pensar en “otras o en otros”…  porque nos encargábamos mutuamente de alimentar nuestro amor.

Hoy ella se ha ido y me ha dejado solo. Se que la vida que me espera no será fácil de continuar sin ella, pero dentro de pocos días, empezaré ha hacer lo que nos habíamos prometido… cuando uno de nosotros partiera.

Voy a empezar a explicarle a la gente que todos podemos experimentar el amor verdadero. Que no hay que pensar en el divorcio como alternativa porque quienes terminan sufriendo siempre son los hijos que decidimos traer al mundo y no hay peor cosa, que ver una familia derrumbarse. Hay que focalizarse en el momento en que nos enamoramos de nuestra pareja y recordar siempre, el sentimiento tan maravilloso que experimentábamos y hacerlo vivir y revivir diariamente. Los problemas siempre van a estar allí, agobiándonos, pero todo tiene solución y es más fácil, cuando somos dos para pelear la vida. La receta no es difícil, pero tampoco es imposible.

Desde ahora, comienzo una nueva vida… su tibia y delicada mano, ya no tomará la mía, pero el calor de toda una vida juntos, me abrigará y ayudará a cumplir con lo que le prometí. Ayudar a otras parejas, para que aprendan a vivir… un amor verdadero.


Historias para pensar


                                            
Por Liliana Porta

Como próximamente estaremos celebrando el mes del amor y la amistad, decidimos dedicarle estas páginas a este bello sentimiento que muchas veces, nos deja sin palabras, especialmente cuando el mismo llega de parte de los niños.

Dicen que al orador Leo Buscaglia, le pidieron que formara parte del jurado de un concurso. El propósito del mismo, era encontrar al niño más cariñoso. A continuación, les presentamos algunos de los participantes.

Uno de ellos fue un chiquito de cuatro años, cuyo vecino era un anciano a quien se le había muerto la esposa hacía muy poco tiempo. El niño, al ver al hombre llorando sentado en un banco del patio, entró al patio del anciano y se sentó en su falda. Al rato, regresó a su casa. Cuando la mamá le preguntó que le había dicho al vecino, el chiquillo contestó: “nada… solo le ayudé a llorar”.

Otro de los casos que participaron, fue el que presentó una maestra de primer grado. Ella se puso a discutir con sus alumnos sobre la pintura de una familia. En la misma había un niño que tenía el color de cabello diferente al resto de la familia. Uno de los chicos, dijo que a él le parecía que el muchachito de la fotografía era adoptado y una de las niñas agregó: “Yo se todo acerca de las adopciones, porque yo soy adoptada”. ¿Qué significa ser adoptada? Preguntó otro y la niña le contestó: “Significa que uno no crece en el vientre de su mamá… sino que crece en su corazón”.

Otro de los casos presentados a este concurso fue el de una nena de seis años a quien le preguntaron que era para ella el amor. Y la pequeña respondió: Mi abuelita está viejita y le diagnosticaron artritis y como tiene tantos dolores, ya no puede agacharse para pintarse las uñas de los pies. Como ella siempre ha sido una abuela muy presumida, mi abuelito, que también está viejito, es quien le pinta desde entonces, las uñas.

Sería muy positivo, empezar a imitar un poco la filosofía infantil, en una de esas… nos contagian esa maravillosa manera que tienen… de ver el amor.
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