Opinión


De ayer… a hoy
Por Mercedes Luna
Cuando comencé a escribir (de esto hace ya muchos años) recuerdo que utilizaba una antigua máquina de la conocida marca Remington. El papel quedaba sujeto entre un cilindro y un rodillo y había que “nivelar la hoja” para poder escribir correctamente. También tenía que pulsar fuertemente cada tecla para que se marcaran las letras sobre el papel y así, formar palabras que luego se transformarían en frases. Escribir por aquellos tiempos, era un trabajo bien remunerado, ya que no existían botoncitos automáticos para borrar las equivocaciones. Si el escritor se comía una letra, tenía muy pocas opciones para corregir la imperfección del momento y lo único que se podía hacer era comenzar de nuevo, con una nueva hoja de papel. Ante la proximidad de llegar al final del margen derecho, un sonido como el de un despertador le avisaba al operador de la máquina, que tenía poco espacio para separar correctamente en sílabas y colocar el guión que indicaría que la palabra continuaba en el renglón siguiente, debidamente separada en la sílaba correspondiente. Con el correr de los años la época fue cambiado y en poco tiempo, los avances tecnológicos comenzaron a ser tantos y tan dramáticos, que las personas de mi edad, teníamos solo dos opciones: o nos quedábamos fuera del sistema, o estudiábamos para aprender a manejar computadoras, crear archivos, enviar documentos, correos electrónicos, entrar a cualquier página Web y aprender a navegar… en la red, como también entender las máquinas de fax, las fotocopiadoras y las de scanner.
Hoy, me siento una mujer integrada con esta nueva era y por tener mis nietos lejos, suelo verlos en la computadora a través de una cámara. Las fotografías de ellos me llegan por correo… electrónico, las que yo pongo en archivos y luego guardo en discos compactos. Creo que me he transformado en una abuela cibernética y trato diariamente de adaptarme a todos los nuevos avances, para no quedarme fuera de este sistema y poder mantener siempre una correcta comunicación con mis nietos. También he sabido aprovechar los beneficios que brida la tecnología, como por ejemplo, hablar por teléfono utilizando la computadora, a tal punto, que las llamadas larga distancia ya no existen en mis boletas de pagos. Pero casos como el mío hay muchos. Dentro de todo algunas personas mayores, tuvimos la oportunidad de captar lo que ocurría y estudiar para comprender la nueva tecnología. Pero otros… más mayorcitos… quedaron atrapados en una parte de la era… en un antes y un después de la tecnología.
Lamentablemente para algunos, muchos de los nuevos electrodomésticos vienen con tantas funciones que hay personas que no logran hacerlos funcionar. Una simple cafetera puede hacerle café negro, con leche, capuchino… o expreso. Una radio puede ser la convencional o ‘satélite’… con botones y funciones que a una persona de edad avanzada, se le hace difícil entender. Tengo una amiga de setenta y cinco años, que no puede manejar el control remoto de su televisor en combinación con el VCR y necesita ayuda para algo tan simple. Antes con un teléfono, los usuarios solo hablaban por teléfono. Hoy, con un teléfono… se sacan fotografías, se juegan diferentes juegos, se envían mensajes de texto, por solo mencionar algunas de las muchas funciones que los celulares poseen. Los televisores al igual que los grandes aparatos de música han sido reemplazados por pequeños diseños que increíblemente pueden hacer estremecer a todo el vecindario con el alto volumen que poseen. Los muebles grandes y las bocinas inmensas redujeron su tamaño pero aumentaron en calidad de servicios, tecnológicamente hablando. Hoy encontramos cámaras de filmar del tamaño de una lapicera y se ha creado hasta un auto que sin llegar a ser un avión… vuela.