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Edición Nº 17
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Con Sentido Común



Cuando un Amigo se va, queda un espacio vacio… que no lo puede llenar… la llegada de otro amigo…

Por Sandra Camponogara

Habia una vez una nena de cinco años que soñaba con tener un perro… y asi fue como Tana, una hermosa pastora alemana de cuatro meses, llegó a casa una tibia tarde de Junio. Con sus patas desproporcionadamente grandes y su pelaje negro y tostado, Tana se fue haciendo lugar en nuestros corazones… ¡y en el sofa de la sala!

Tana fue desde el comienzo un miembro más de la familia. Por su aspecto intimidante,  se ganó el titulo de ‘Directora de Seguridad’ de nuestra compañía, pero a la vez, su carácter dócil y protector la convirtió en amiga incondicional de mis hijos y de otros niños vecinos. Para liberar el ‘estrés’ de correr ardillas y pájaros sin éxito alguno, Tana se ha tomado vacaciones de verano con nosotros en Carolina del Sur, ha pasado Navidad en Canadá y nos ha acompañado en un viaje a Argentina. Allí si que se sintio ‘perro’ por primera vez… ya que era uno más de los muchos que corrian sueltos por las montañas y ríos sin limitaciones.
Con los años ella desarrollo un poco de artritis, que es bastante comun en estos perros, pero eso no la hizo detener el paso. Con sus nueve años todavía era juguetona y al verla por la calle, muchos pensaban que era cachorra.
Una noche de este verano, se encontró cara a cara con un zorrino…  ¡al que le mostro con valentia todos sus dientes! Con el susto de semejante encuentro, el zorrino le respondió mojándole la cara con su insoportable rocío para luego salir huyendo. Bañamos a Tana inmediatamente y le enjuagamos los ojos, pero el ardor y el olor la hacían revolcarse por el suelo tratando de deshacerse con desesperacion del ácido repugnante. En los días que siguieron, Tana no queria comer ya que todo le sabia con olor y sabor a zorrino. Tampoco andaba con mucho ánimo de hacer sus caminatas y habia perdido interés por las ardillas y gatos del vecindario.

La llevamos al veterinario porque a raíz del rocío del zorrino, desarrollo además una infección en los ojos. Le dieron unas pomadas, antibióticos para la infección y un medicamenteo para el dolor, Rimadyl, que se receta fundamentalmente para la artritis, ya que el veterinario pensó que quizás no quería caminar por dolor en las articulaciones. El veterinario me puso los medicamentos en la bolsa, sin advertencias o comentarios sobre los posibles riesgos y beneficios de uno u otro producto. A los dos días, encontramos sangre en sus deposiciones fecales y tenia el vientre hinchado, debilidad en las piernas y se tambaleaba al caminar como si estuviera borracha. Buscamos información en Internet ya que Tana no mejoraba y nos dimos cuenta que los sintomas que ella presentaba coincidian con una reacción adversa a la droga Rimadyl, producida por el laboratorio Pfizer. También nos enteramos que Rimadyl es más propensa a producir efectos negativos en perros de razas grandes y de avanzada edad. Le retiramos de inmediato todos los medicamentos y la llevamos una vez más al veterinario, quien le hizo análisis de sangre, sonogramas y radiografias. Mil dólares más tarde, determinó que las radiografias mostraban unas manchas que podrían indicar cáncer y que habia que sacrificarla. El shock de la noticia nos dejo sin habla y aceptamos el turno para la eutanasia la mañana siguiente, para tener la oportunidad de despedirnos de Tana en familia. En menos de una semana pasamos de tener un perro que lucia juvenil como un cachorro a tener un perro moribundo.

Como si presintiera su destino, a la mañana siguiente Tana se despertó mejor, con la panza deshinchada, con ganas de comer y aunque aún débil, mostraba con sus reacciones que no estaba lista para morir. Cancelamos con alegría la cita para la eutanasia y Tana fue mejorando día a día: salimos de caminatas, tenia buen ánimo y nosotros pensamos que todo aquello había sido solo un fuerte y desagradable episodio del pasado. Pero hacia el fin de semana se le volvio a hinchar el vientre, su materia fecal tenía sangre nuevamente, no comia y tenía la mirada perdida… nada parecia interesarle. Finalmente y con el corazón en la mano, decidimos llevarla en su último viaje… al veterinario.
Pero este cuento –que no es cuento - y que comenzó con un: ‘Habia una vez…’ no tenía que terminar así. Si bien es cierto que la perra tenía condiciones clínicas (nunca supimos a ciencia cierta si las manchas en las radiografias eran cáncer o no) lo que desencadenó y precipitó el abrupto final fue el efecto contraproducente del medicamento y aquí aplica el sentido común; porque cuando un veterinario vende un medicamento que puede producir efectos negativos, particulamente en un animal de alto riesgo para ese producto (raza grande, de edad avanzada), el profesional tiene que advertir al dueño de la mascota y ponerlo en conocimiento de los potenciales riesgos. En el caso de Rimadyl (y de otras drogas) el veterinario compra las pastillas en grandes cantidades y luego entrega a cada paciente la dosis necesaria. Pfizer le entrega a su vez al veterinario junto con el medicamento, un cuadernillo pre-impreso con la información sobre el medicamento, efectos colaterales, etc. El veterinario solo tiene que cortar una de esas hojas y entregarla al dueño del animal junto con el medicamento. Allí, esta toda la información. Pero a mí, lamentablemente,  nunca me dieron nada ni me explicaron nada. Solo me entregaron un frasco de plástico con unas cuántas pastillas adentro.

No es la intención de este articulo negar los beneficios de Rimadyl, ya que esta droga ayuda a muchos perros con artritis a llevar una vida más activa y sin dolor. Pero si es un llamado de atención a los dueños de animales para que exijan información sobre las drogas que sus veterinarios les están entregando. Pidan la hoja informativa que el laboratorio fabricante produce sobre el medicamento; pregunten sobre los posibles riesgos y efectos colaterales y asegúrese que su mascota realmente necesite la droga, como primera medida. Es en su mejor interés el estar informado y exigir respuestas del profesional antes y no después, cuando es a veces ya demasiado tarde.
El 21 de Septiembre, cuando se acababa el verano, a Tana se le escondió el sol para siempre… pero comparto esta experiencia con los lectores de Realidades para que esta no sea la historia de su perro. Infórmese, pregunte y exija respuestas, porque como tan elocuentemente lo expresó Alberto Cortéz:

‘Cuando un Amigo seva, queda un espacio vacio, que no lo puede llenar la llegada de otro amigo…’


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