Críticas Constructivas
CAPACIDAD DE ALGUNOS...
INSEGURIDAD DE MUCHOS
Por Mercedes Luna
El filósofo ateniense discípulo de Sócrates y maestro de Diógenes (444-365 antes de Cristo) llamado Antístenes, suponía el bien supremo en el desprecio de riquezas y placeres. Fue él quien tomó los objetos del mendigo, como símbolo de la filosofía.
Cuando Antístenes supo que lo envidiaban, dijo a sus allegados… “peor para ellos, porque tendrán que sufrir el doble tormento de sus males y de mis bienes. Los únicos favorecidos son los envidiados… es grato sentirse adorar de rodillas”.
Personalmente creo que la envidia es el sentimiento que acompaña a los incapaces de alcanzar sus propósitos. Son aquellos inseguros que al ver a su lado una persona cargada de los atributos de los cuales ellos no fueron dotados, necesitan a través de intrigas y engaños, desprestigiar al individuo en cuestión. Un refrán popular dice: “lo que natura no da, salamanca no presta” y créanme, hay mucho de cierto en eso.
Diferentes autores, han tratado de encontrar una definición sobre este sentimiento negativo y aunque varios lo han logrado, creo que: “la tristeza que da a un individuo el bienestar ajeno”, es la que nos otorga una visión más clara, sobre el envidioso.
Cuando estamos ante un estudiante excelente, encontramos que los menos aplicados son los encargados de mofarse de la inteligencia del afortunado. La persona que puede desenvolverse en público, posee buenos modales, sabe que decir y como, en el lugar y momento apropiado, será el blanco del individuo que atropellará a todos los presentes en una reunión, para alcanzar su objetivo, no sabe comportarse y es el típico desubicado, centro de comentarios negativos. Entonces, buscará a otros inseguros como él y formará “el grupo de los incapaces”, quienes juntos, alabarán de frente al envidiado, pero lo traicionarán clavándole puñales por la espalda.
Son los que vulgarmente hablando, conocemos como los “encargados de
tender la cama”,
o “serruchadores de piso”, los que utilizarán la intriga, el chisme, el sarcasmo, la falsedad… para “aflojarle las bases” al afortunado.
El envidioso, jamás sentirá felicidad ante los logros de una persona brillante y mentirá para opacar a “su adversario”, que al igual que una estrella en la oscuridad, posee luz propia para iluminar todo a su alrededor.
La seguridad en un individuo, es como un cuchillo filoso: mientras abre caminos al competente, a su paso lastima a muchos incapaces. La capacidad de comunicar la verdad de frente, sosteniendo la mirada del interlocutor, es atributo que solo poseen los envidiados.
El envidioso contrariamente, esperará que “su presa” no este presente para distorsionar la verdad y llenarlo de lodo. Cualquier acción valedera, actos de positivismo, alegría e inteligencia, acompañado de una cuota de capacidad, harán la mezcla casi perfecta, para encender los bajos instintos de las “traicioneras serpientes”.

La rutina de estos hipócritas reptiles, se alimenta de la falta de honestidad que poseen, ya que actuarán de la manera opuesta, utilizando las típicas
“indirectas”, para enterar al envidiado de lo que piensan en realidad, sobre su persona. Lo que olvidan tener en cuenta, es precisamente que, debido a la inteligencia que posee el personaje en cuestión, de antemano comprende “la doble jugada”. Algo más que los caracteriza: hablan mal de todos, aclaran que no platican mal de nadie y sus labios mencionan el nombre de Dios repetidas veces.
A estas alturas se que muchos lectores ya se han identificado con esta nota; pero me agradaría “darles un poquito más”, y para ello, voy a transcribirles una parte del libro El hombre mediocre, de José Ingenieros.
…la envidia es una adoración de los hombres por las sombras, del mérito por
la mediocridad. Es el grillete que arrastran los fracasados. El que envidia se rebaja sin saberlo, se confiesa subalterno, es el estigma psicológico de una humillante inferioridad, sentida y reconocida.
El envidioso sufre cuando ve el resultado a que llegan otros y el no; sin sospechar de cuántas espinas está sembrado el camino a la gloria. No ser envidiado es una garantía inequívoca de mediocridad…
Por eso, si alguna vez ha palpado de cerca algo de todo lo antes mencionado, siéntase feliz, pues no es un inútil mediocre, ni esta solo.
Si los envidiosos no cristalizan sus sueños y solo viven de ellos, es porque utilizan mal la energía positiva, tratando de destruir el camino al triunfo de los vencedores. No logran entender que a los seguros, nada los detiene, y en la dura lucha de los inseguros por tratar de frenarlos, de cortarles las alas a través de calumnias, pierden un tiempo precioso, porque no logran aplastarlos, ni derribarlos en pleno vuelo, pero tampoco llegan ellos, a la cima.
Afortunadamente “la gente” se ve por fuera y muchos saben distinguir.
Los inútiles hablarán mal de sus víctimas y cuando los escuche difamándolos, créanme que es por una sencilla razón: hay personas que poseen un brillo tan grande, que el mismo opaca a los pequeños de mente y cuando están a su
lado, sienten como les afloran todos los complejos y defectos que poseen. Por eso atacan, mienten, calumnian…por la inmensa inseguridad que los acompaña siempre. La misma que los asusta cuando deben compartir algo
con una persona muy segura de si misma.
Estimado lector, si usted es uno más de la lista de los envidiados, recuerde la frase que simplificó José Ingenieros: La envidia es el tributo que le rinde la mediocridad, a la capacidad. Así que, déjese envidiar y disfrute, porque Antístenes tenía razón al afirmar que es grato… muy grato ¡sentirse adorar de rodillas!
Esta nota se la dedicamos todos los envidiados… a los envidiosos.